Los horizontes, esquivos

Recién abro el nuevo blog y ya encuentro a mi cabeza paseando por mis contradicciones y debilidades. El blog que toda periodista debe publicar, el que toda escritora debe abanderar; para hacerse ver, para hacer surgir oportunidades. Y no me apetece emplear un tono de éxito, ni disimular la frustración, ni hablar de cosas “realmente interesantes” o de “actualidad”.

Antes de empezar a escribir ya he puesto una colada, me he levantado varias veces hacia al cuarto y he vuelto sin saber qué buscaba, si es que buscaba algo; he visitado varias veces el baño, para cerciorarme de que huele raro y ver si así lograba obligarme a desatascar el bote sifónico, pero mi deber hacia la escritura me lo ha impedido; me he servido un aperitivo y me ha venido varias veces, las mismas que se me ha ido, la idea principal de mi primer post.

También he avanzado con “Llamada Perdida”, de mi reciente descubrimiento Gabriela Wiener, periodista, escritora y poeta peruana. Hoy he llegado a la entrevista con Corín Tellado. Nada de particular. ¿O sí? Todo comienza con un beso y acaba con un rubor en el metro. Me voy sintiendo cada vez más cómoda. Me gusta cómo relata. Me pregunto si yo sabré hacerlo así, bien, natural, algo gonzo, si lograré plasmar mi experiencia vital, o, mejor dicho, si es que tengo experiencias vitales dignas de ser plasmadas en el papel. ¿Me atreveré a recurrir a experiencias extremas?

Entre estos pensamientos, me he servido una cerveza caducada, de una litrona que abrí para hacer un pollo a la cerveza, que dió para una cañita como recompensa a la cocinera y que vuelve a ser protagonista de un aperitivo. (Otra de mis contradicciones, el pollo, la carne, y mi aspiración a convertirme, algún día, en vegetariana. Ese pollo está en la nevera y temo acabe en el cubo de la basura, lo hice apresurada y culpable, la carne con un color rosa que no apetece.) Al girar la chapa, me ha saltado a la cara, casi rozando el pómulo o el ojo, porque ha sido tan rápido que cuando he mirado ya estaba en el suelo. Esto me ha hecho recordar como una metáfora que hay escritores a los que el alcohol les ha explotado en la cara. – Sólo es un vaso y, además, yo no bebo. Pero debo crearme ambiente, mimar a mi escritora, como dice Julia Cameron, cuyo libro he perdido en la empresa de volver a la escritura, que en realidad nunca he abandonado.

Y entonces me viene a la cabeza Mary Oliver, otra escritora a la que acabo de descubrir gracias a Brain Pickings, y los extractos sobre el yo creativo y las distracciones letales que vienen de nuestro propio interior, que son peores que las que vienen de fuera. Para ser un domingo tedioso, lo estoy pasando bastante bien y me está saliendo provechoso. No voy a eliminar la rima, porque me gusta la palabra “tedioso”, todos los domingos lo son, aunque nos divirtamos en ellos, y porque también me gusta sentirme de provecho, o “provechosa”.

Domingo de escritura, buena lectura, buena música, -cerveza caducada, que quedaría bien por el desagüe como desatascador- y un horizonte tan incierto como esquivo.

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