Un globo, dos globos, tres globos

Sopa de Letras

 

Mientras voy entrando en calor después de haber tomado un chocolate acafetado, posponiendo la decisión de encender la calefacción unos días más, escuchando Radio 3 desde hace unas horas, programa tras programa, melodía tras melodía, aunque ahora toca una música que me permita una mayor concentración; y habiendo leído unas cuantas opiniones, artículos, viñetas, sobre el resultado amargo aunque esperado de las elecciones en América (Los Estados Sumidos) -hasta he estado viendo un trozo de episodio de Los Simpson de hace 16 años en que se predecía el horror… intento ir concentrándome en un trozo en blanco del “papel” virtual.

Hago una lista mental de las mujeres que me inspiran estos días, en realidad una forma de revivir en mí el espíritu de las mujeres a las que admiro y que me han empujado desde que las descubrí, unas mucho antes, mientras crecía, leía, y escribía, otras mucho después, mientras sigo creciendo, leyendo, y escribiendo.

Y entonces, esa lista mental enorme va creciendo conmigo: Carmen Martín Gaite: sus gorros, sus Cuentos, Nubosidad variable, El balneario, Entre visillos, Caperucita en Manhattan; Ana María Matute: Primera memoria, Demonios familiares, Paraíso inhabitado; Gloria Fuertes y su voz ronca de fumadora y su corbata: “una oficina donde trabajo como si fuera tonta, pero dios y el botones saben que no lo soy”, “estoy más sola que yo misma” “he publicado poemas en todos los calendarios” y su literatura infantil Las tres reinas magas: Melchora, Gaspara y Baltasara, Pirulí, Don Pato y Don Pito, Villancicos, La Oca Loca, El camello cojito, Tres Tigres con Trigo… y sus emocionantes apariciones en programas infantiles de los setenta como Un globo, dos globos, tres globos, ; La Mansión de los Plaff (“entra y te quedarás”), La Cometa Blanca (“Mira, mira, cómo mira”). Qué suerte que aún me queda por conocer toda la literatura para adultos de la Fuertes; la brasileña -de origen ucraniano- Clarice Lispector y el recuerdo de Macabéa -la protagonista nordestina inspirada en su infancia- en su novela A Hora da Estrela hecha película por Suzana Amaral, y sus libros por leer: Alguns Contos, Laços de Família, Felicidade Clandestina, Um sopro de vida: pulsações…; la poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner -que fue elegida para participar en el Parlamento en 1975 después de la Revolución de los Claveles y apoyó la Liberdade de criação cultural: y sus Contos Exemplares, sus poemarios Coral: “Ia e vinha/ E a cada coisa perguntava/Que nome tinha.“, O nome das Coisas, Ilhas, No Tempo Dividido … y tan bellamente retratada por João César Monteiro; Alejandra Pizarnik y sus Diarios, su Extracción de la piedra de la locura y su Prosa completa: “No me entregues, tristísima medianoche, al impuro mediodía blanco”; la también poeta portuguesa Florbela Espanca: Diário, Sonetos: “A Flor do Sonho, alvíssima, divina,/ Miraculosamente abriu em mim,/Como se uma magnólia de cetim/Fosse florir num muro todo em ruína (…)”  y que retrató el director portugués Vicente Alves Do Ó con enorme sensibilidad en su película Florbela, estrenada el 8 de marzo de 2012 en Portugal y protagonizada por Dalila Carmo. Una fugaz Alda Merini: Uomini miei: “Una donna che ama/è simile/a un grande guerriero/che vuole la sua vittoria./Per questa vittoria/sarà pronta a morire/su una terra senza farfalle.Juana de Ibarborou: “Si yo fuera hombre, ¡qué hartazgo de luna,/de sombra y silencio me había de dar!/ ¡Cómo noche a noche, solo ambularía/Por los campos quietos y por frente al mar!”. Raquel Freire, portuguesa nacida en Oporto, activista, guionista, directora y productora de cine, y su novela Transiberic Love, su reciente documental Dreamocracy, o su primer largometraje, Rasganço. Aquí su página oficial. La recién descubierta Ana María Moix: Extraviadas Ilustres. Gabriela Wiener y sus Nueve Lunas y sus Ejercicios para el Endurecimiento del Espíritu: “, de quien ya he publicado aquí.

La luna es un globo que se me escapó

… En mitad de esta lista inacabada se cuela Murakami. Y no puedo excluirle de mi mente, porque acabo de leerme compulsivamente dos de sus libros: Kafka en la orilla, que me ha dejado un gusto incómodo, de final abierto, de asumir las propias conclusiones; y Tokio Blues, que me ha recordado que el amor existe y que la realidad es compleja, y que podemos perdernos en ella e incluso dentro de nosotros mismos alguna vez.

En realidad, he aprovechado que estáis ahí, al otro lado, leyéndome, para hacer con vosotros una lista de posibles publicaciones futuras… de deberes pendientes. Para ir investigando un poquito sobre lo que me apetece recordar, conocer y, en ocasiones, redescubrir, o descubrir por completo. Y así ir creando algo parecido a un universo de planetas-libro, de constelaciones  de palabras, de sopas de letras, pero de las que se sorben despacito y con gusto de la cuchara ardiente.

 

 

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