Bach y la torrija solitaria o La vergüenza, la vulnerabilidad y el miedo.

Las monstruas nos espían desde los frisos y en los márgenes de los libros.*

Acabo de ponerme un disco de Bach, pues he leído que la música clásica activa algún lugar recóndito de nuestra mente, y a nuestras neuronas les da por crear conexiones de mayor calidad y creamos mejor. O algo así. Acabo también de prepararme una torrija. Sí, una. Un tetrabrik de leche en la nevera con sólo cuatro dedos. Una barra entera esperando a ser convertida en manjar. Ante la imposibilidad de cocinar todo el pan, la solución ha llegado sola: “Hazte solo una rodaja”.

La música sonando y la torrija digiriéndose. Y mi mente continúa dando vueltas al reportaje que acabo de leer en el Expresso. (En este punto necesito bajar el volumen pues el ímpetu del Allegro me desconcentra. Ha terminado el Allegro del concierto para dos violines y cuerda en re menor, BW 1043, y empieza la Suite en do mayor, BW 1066, con una Ouverture de 9 minutos. Éste es el único disco de Bach que tengo, que recuerde, y siempre he querido presumir en algún momento de escuchar música clásica, por lo que aprovecho para dejar aquí constancia).

Vuelvo al artículo del Expresso. Estatuas-memórias. Memória-mágoa. (Estatuas-memoria. Memoria-Herida).

Las memorias como estatuas. El recuerdo como herida. La fragilidad como lugar de insurrección, lugar desde el que nace, “una vulnerabilidad profunda, un sentimiento de constante fragilidad, una violenta volatilidad emocional: la exigencia de confrontación, de lanzar mi anormalidad a los ojos que reprueban, de vestir una falda, ponerme pendientes largos y pintarme los ojos, no sólo a pesar de los días en que estoy mal, sino también por causa de ellos”. Y en ocasiones la dificultad que reconoce en ser concebido por sus amistades como “alguien que carga en sí, al mismo tiempo”, con características y demostraciones emocionales tan contradictorias.

“Sei que por vezes amigas têm dificuldade, ainda hoje, em conceber-me como alguém que carrega em si, ao mesmo tempo, por um lado uma vulnerabilidade profunda, um sentimento constante de fragilidade, uma violenta volatilidade emocional; e por outro não só o desejo mas efectivamente a exigência de confronto, de espetar a minha anormalidade nos olhos que reprovam, de vestir uma saia, pôr brincos compridos e pintar os olhos – não só apesar dos dias em que estou mal, mas também por causa destes.”

Habla Pedro Feijó, que se define a sí mismo y a su historia como la de “el hombre que las monstruas siempre vienen a poner en causa”. Y quien también habla de la escritura, de la propia biografía, y de la escritura de la biografía, encarando y descubriéndose a sí mismo recuerdos-estatua que le devuelven a la infancia: “pero, por encima de todo, veo un niño que se sentía, y de hecho lo era, profundamente inadecuado, y que vivía lleno de pavor con la posibilidad de que le descubrieran su naturaleza alienígena. Era un niño lleno de vergüenza, violentamente solo, que no tenía a quien recurrir, que se veía en el abandono”.

“Mas acima de tudo vejo uma criança que se sentia, e de facto era, profundamente inadequada e que vivia apavorada com a possibilidade de lhe descobrirem a sua natureza alienígena. Era uma criança cheia de vergonha, violentamente só, que não tinha a quem socorrer, que se via ao abandono.”

Y a quien una amiga cercana le describe así: “No saben el esfuerzo permanente de resistencia de ella”: Ella usa faldas. Ella usa pendientes y collares todos los días. Es alta, delgada y se mueve con una delicadeza ingenua y algo atropellada. Ella es dueña del mundo, centro de todas las atenciones allá donde esté (…). Le llaman maricón, marica, payaso. La acusan de ser un snob centrado en sí mismo, con sed de protagonismo, un prepotente académico que no conoce el mundo. Un individualista, dominador de flirts, que duerme con todo el mundo. Ellos no saben nada de ella. No saben de su esfuerzo permanente de resistencia.”

Ela usa saias. Ela usa brincos e colares todos os dias. É alta, magra e move-se com uma delicadeza ingénua e algo atabalhoada. Ela é dona do mundo, centro de todas as atenções em qualquer lugar onde está. (…) Chamam-lhe paneleiro, maricas, palhaço. Acusam-na de ser um snob auto-centrado, com sede de protagonismo, um prepotente académico que não conhece o mundo. Um individualista, dominador de flirts, que dorme com toda a gente. Eles não sabem nada dela. Não sabem do esforço permanente de resistência dela.

La vergüenza, la vulnerabilidad y el miedo. “Esa vergüenza, ese miedo y esa vulnerabilidad son el sustrato de algunas de las herramientas emancipatorias que tengo hoy en día”.

“Essa vergonha, como esse medo e essa vulnerabilidade, são o substrato de algumas das ferramentas emancipatórias que tenho hoje em dia; (…)”

 

La reconciliación con el monstruo

“Llevo ya años intentando reconciliarme con mi monstruo mariquita, con mi “monstrosito maricón”. No ha sido fácil. A fin de cuentas, crecimos separadas, pero también fue de esa separación que nacemos: el encarcelamiento de mi monstruo hizo de mi quien soy, estableció las posibilidades de relacionarme, diseñó la economía de mi deseo. Contra todos los instintos, y desafiando la propia comodidad, le fui abriendo el armario y he intentado, en la medida de lo posible, ir de la mano con él. Reconocí las partes que me asustaban, pero también su potencia: es el monstruo que se revuelve, que me permite tener la fuerza para maquillarme, para ser marica, para usar faldas, fue el monstruo que, en mis sueños, vino en mi socorro y mandó al carajo a aquellos que se reían de mí por andar de la mano con un tío. Él me dio la rabia y la furia que yo dejé de lado, él quiere hostias cuando yo quiero huir, el grita “soy marica, sí, so procreador de mierda” cuando yo sólo quiero esconderme.”

“Venho agora há anos a tentar reconciliar-me com o meu monstro mariquinhas, com o meu monstrosito maricon. Não tem sido fácil. Afinal de contas, crescemos separadas, mas foi também dessa separação que nascemos: o encarceramento do meu monstro fez de mim quem sou, estabeleceu as possibilidades de me relacionar, desenhou a economia do meu desejo. Contra todos os instintos, e desafiando o próprio conforto, fui-lhe entreabrindo o armário e tenho tentado, o quanto possível, andar de mão dada com ele. Reconheci as partes que me amedrontavam, mas também a sua potência: É o monstro que se revolta, que me permite ter a força para me maquilhar, para ser bicha, para usar saias, foi o monstro que, nos meus sonhos, veio em meu socorro e mandou ao caralho aqueles que me gozavam por andar de mãos dadas com um gajo. Ele dá-me a raiva e a fúria que eu tranquei de lado, ele quer pancada quando eu quero fugir, ele grita sou paneleiro sim, seu procriador de merda quando eu só me quero esconder.”

 

La vida en los márgenes

“Este cuento está lejos de terminar. En mi historia, como en la historia del “Hombre” que las monstruas siempre vienen a poner en causa. También ellas espían desde los frisos de las iglesias y de los márgenes de los textos prohibiendo que me calle a mi misma contando una historia final; las historias siempre son provisionales, son siempre solo un entendimiento, siempre precarias, y solo sedimentan cuando, por miedo, intentan matar monstruos. Si hay alguien a quien se le pueda confiar la producción autobiográfica es a los monstruos: es difícil la universalidad cuando se trata de una escritura conducida por la monstruosidad, de una teratografía**. A mi mariconez, ser marica, miedoso, vino el orgullo a raptarla a la vergüenza. El monstruo aquí sigue, a veces aterrador, atemorizando. Pero se ha transformado, también, en una potencia de vida que cada día me desafía a experimentar lo incómodo, a devenir más maricona, más incómoda, menos domesticable. El mismo monstruo marica que me amedrentaba se ha transformado en una enorme criatura insurrecta.”

Este conto está longe de acabar. Na minha estória, como na história do Homem que as monstras sempre vêm pôr em causa. Também elas espreitam dos frisos das igrejas e das margens dos textos proibindo que me cale a mim própria contando uma estória final; as estórias são sempre provisórias, são sempre só um entendimento, são sempre precárias, e só sedimentam quando, por medo, tentam matar monstros. Se há alguém a quem se possa confiar a produção autobiográfica é aos monstros: é difícil a universalidade quando se trata de uma escrita conduzida pela monstruosidade, de uma teratografia. A minha mariquice, ser maricas, medroso, veio o orgulho raptá-la à vergonha. O monstro cá continua, por vezes aterrador, amedrontando. Mas transformou-se também numa potência de vida que a cada dia me desafia a experimentar o desconfortável, a devir mais paneleira, mais incómoda, menos domesticável. O mesmo monstro maricas que me amedrontava transformou-se numa enorme criatura insurreccional.

*Extracto de la entrevista a Pedro Feijó en Expresso, 16 de abril de 2017, autoría de Christiana Martins

**Descripción de milagros o de hechos superiores a las fuerzas de la naturaleza. Según el “Dizionario Tecnico-Etimologico-Filologico”. (Editorial: Milano, Pirola, 1828-29). Y que podría también traducirse como “Teratología”, que según la RAE, en su única acepción, significa:

1. f. Estudio de las anomalías y monstruosidades del organismo animal o vegetal.

 

 

 

 

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