Todo esto es un castigo

 

Viernes, 21 de diciembre

7:30h

Estoy con miedo y algo paranoica. Me he despertado con el relato en la cabeza, como en loop, tipo pesadilla. He pensado en mi madre y en que me apetecía ser niña y abrazarla y sentirme protegida. Luego en mi pareja como consuelo. ¿Quién cuida a quién? Ser un poco niña. He pensado en mis hermanas y en mis sobrinas. La radio ha saltado y hablan de detalles, se regodean, es una emisora cualquiera. Mi radio no es digital y no consigo encontrar radio 3, que me ofrece un despertar menos abrupto. Claro que a esa hora son todo voces de hombres. O la mayoría. La emisora termina de hablar de sangre y odio y empieza una canción muy bailable que habla de un hombre que se vuelve loco, que ya no aguanta más, y que no sabe qué va a hacer hasta que pueda verla a ella. A mí, esa letra, me da miedo.

… El cuerpo …

El miércoles le digo al osteópata que prefiero dejar pasar las fiestas. Ese día me siento incómoda en sujetador. Me tapo un poco las costillas con mis manos. El día que llegué, unas semanas antes, pese a estar recomendadísimo por una mujer, amiga de mi amigo, tenía miedo, si sería un piso lúgubre, si cutre, si estaría yo sola, si tendría placa en la puerta.

… El miedo …

El domingo mi compañera de piso me pregunta que si es normal una cita con el coordinador de programa de doctorado a las siete de la tarde. Le digo que aquí en Madrid hay clases nocturnas, pero que si lo ve raro, que me envíe el número del despacho en el que han quedado.

… La angustia …

Hoy, el día que escribo esto, mi otra compañera se va de viaje con una amiga a pasar las fiestas. Pregunto si van a un hotel o a casa de una amiga. Le he dicho que me escriba cuando lleguen. Me contesta con una gran sonrisa que me escribirá una postal desde Santiago.

… La ignorancia …

Esta semana, en un chat, alguien publica una foto de twitter con el supuesto listado de partidos que votan derogar la prisión permanente revisable. (Esta muerta es vuestra, quería decir en realidad). Contesto que el asesino ha matado estando vigente la ley que mantiene tal pena. Que serán las asociaciones que siguen este tipo de casos de violencia de género las que reclamen, denuncien, persigan que este tipo delincuente, asesino y violador no salga de la cárcel. Me abstengo de decir que son asociaciones feministas. Creo que se entiende muy bien. No voy a darles caldo de discusión. En otro chat alguien habla de gentuza, pena de muerte, escarmiento.

… El estado de alerta …

Volviendo al osteópata. Los primeros días le dije a mi pareja que el tío es de fiar, que da cosa cuando vas de nuevas y es un hombre y no sabes dónde vas exactamente aunque vayas recomendada. En realidad no sé hasta qué grado de paranoias le he contado, creo que siempre rebajo un poco la intensidad de mi miedo; pura auto terapia.

Ahora, unos días después, ya no me parece de fiar. He cambiado yo. Lo sé. Él seguirá viendo a sus pacientes o clientes igual. Aunque ver las noticias con sus detalles truculentos podría incitar a alguien más a intentar algo parecido. Pánico.

 

Viernes 21 de diciembre

Voy en el autobús y siento angustia cuando para en medio de la nada, en plena carretera, y baja una chica, hay niebla y está oscuro. Son las 8:17 horas.

11 h.

Voy al baño y sale un hombre. Me da reparo. Ve mi cara y me dice que es el de mujeres y que solo ha ido al cuarto de la limpieza a coger enseres. Le cedo el paso, sale, y le sigo con la mirada. Vuelve la cabeza. Se ve obligado a contarme una excusa por encontrarle ahí. Me parece fatal (que el cuarto de limpieza esté justo en el baño de mujeres, que puedan campar por allí a sus anchas).

Me vuelvo. Le miro, veo su placa, sus auriculares y su bata. Dan el pego. Seguro que son de verdad. Parece buena gente. Y al escribir esto, me digo. ¿Qué más da? Con placa, bata e identidad “de verdad” también se puede hacer mucho daño.

 

Miércoles 18 de diciembre

Leo una entrevista en Píkara Magazine De Alcàsser a Boiro, nuestras desaparecidas, donde habla Nerea Barjola con Andrea Momoitio sobre su libro: Microfísica sexista del poder. El caso de Alcàsser y la construcción del terror sexual.   Las niñas de Alcàsser, la telebasura, el relato de terror y el castigo. Esta semana siento el terror y quiero huir y neutralizar ese relato interesado. Construir otro. Otro relato nuestro.

 

Viernes 21 de diciembre

15:43 h.

Salgo del autobús y noto que soy la última. Pienso que puede cerrarme las puertas de golpe y acelerar. Es el miedo más ridículo que me ha venido a la cabeza en estos días. Mi mente es como una máquina de alertas para mi sistema-cuerpo.

Escribiendo esto, sobre el miedo, puede que pare las alertas paranoicas.

Y leyendo. Leer el libro de Nerea Barjola. También necesito mi tiempo. Mis ritmos. Quizá necesite bailar estas emociones. O cantarlas. O las dos cosas.

15:59 h.

Cuando ya daba por terminado este escrito, llego a la puerta del garaje y abajo veo a un hombre esperando. Me dice que no tiene llave. Yo le abro. Me cede el paso, entro primero. Ya lo sé, soy una provocadora. Dentro ya del coche, le veo salir. Cuando viene de frente y me deslumbra siento un segundo de pánico, se me pasa por la cabeza que va a embestir al coche de al lado o incluso al mío. Y luego, quién sabe. Gira, va hacia la puerta metálica. Finalmente, me quedo sola escribiendo encerrada en el coche.

Suspiro. Me destenso. El coche rojo con el hombre dentro ha salido el primero. No tiene ni idea de mi sistema de alarmas ni de que el relato de mierda y de terror, como castigo estructural, del que se habla el libro, me ha calado profundo. O sí.

Y ahora ya sí que lo dejamos aquí, debo seguir con mis paranoias y hacer algo ¡ya! para neutralizar este miedo asqueroso y que no, no me pertenece.

 

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