‘La geometría del trigo’*: palabra y piedra

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*Título de la obra de Alberto Conejero

 

Seguir aquí. Estar solo con la tierra. Seguir el filón con la yema de los dedos, acariciarlo buscando la parte más débil y entonces golpear hasta hacerla pedazos. En silencio, con el corazón tranquilo. Afuera la luz todo lo persigue. Afuera hay que hablar, explicarse, decir: “yo pienso esto, lo otro”, “yo creo en esto o en esto otro” para que los demás sepan quién eres y si les gustas o no. 

En este pasaje de La geometría del trigo se resume la vida, el estar: para uno mismo, para el otro; el dentro y el fuera. Es la cueva en la que descansar de la mirada ajena, de sus preguntas. Un lugar donde no nos expondremos, pero tampoco arriesgaremos nada. El filón estará ahí, pero no extraeremos el oro porque a cada pregunta que nos asalte lo haremos pedazos. Y el corazón, que ya no siente, vivirá tranquilo en la quietud de una muerte.

Todo el libreto está atravesado por un silencio denso. Y su lectura es como un nudo en la garganta que no se desata. Frases cortadas, palabras a punto de ser dichas. Insinuaciones de la tragedia que no permiten mirar atrás. Callar, mirar al suelo y seguir, tragando culpa y vergüenza. Silencio que se convierte en eco sordo, en grito atrapado en un lugar de la garganta del que nace. Que espera algún día salir. Las palabras que no se dicen, las que hoy salen porque ayer quedaron sin pronunciar. Las que pasan de una generación a la siguiente, palabras con culpa. Que ya no se digieren pues hace mucho quedaron cubiertas por el polvo de la tierra y bajo las piedras de una mina cuya salida no se puede (quiere) descubrir. El cuerpo y el deseo viven más allá de la voluntad.

 

La piedra o “la palabra que falta”

Siempre hay una frase que hace que todo se estropee, una frase equivocada o una frase que no se dice, da igual, pero una frase que se planta ahí, como una piedra en mitad de la vía (…)

Cuando se dijo una cosa pero era otra la que se debía nombrar; el que escucha intuye lo que el otro en realidad le quiso decir por debajo de aquellos otros nombres. Lo que se calla, lo que no se dice. Las decisiones y los silencios de ayer aparecen hoy en otras formas. Unas veces, silencios, y otras, ausencias. O quizá el silencio sea en sí mismo una gran ausencia.

Palabras y frases repetidas en las familias, abarcando un significado que se pierde, se renueva, se inaugura en el tiempo presente con la carga de ayer, implícita bajo las redondeces de la letra. Palabras puente entre dos, tres, generaciones como un canal por el que pasar el dolor, lo callado, el tiempo y la vergüenza. Lo que no se dice porque no se puede nombrar. Palabras que trascienden, se entregan y ocultan entre el amor y el deseo.

Nombrar, nombrar como designio, la voz dando paso al hilo de la palabra: la necesidad de decir el nombre para imaginarlo hecho carne.

 

***

En este libro, el prólogo se lee al final. Ha sido escrito por Daniel López García.

Alberto Conejero (Jaén, 1977) es dramaturgo y poeta, licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y doctor por la Universidad Complutense de Madrid. Ganó el Premio Max 2016 por ‘La piedra oscura’. ‘La geometría del trigo’ ha estado de estreno este año (6 a 24 de febrero de 2019) en el Centro Dramático Nacional

La geometría del trigo se publicó en 2018 en la editorial Dos Bigotes y el diseño de la colección corresponde a Raúl Lázaro.

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