El libro nuevo*

LoboAntunesBN

* Título de la crónica de António Lobo Antunes

Un libro no es una prenda que cae del cielo, es una cosa conquistada migaja a migaja, el resultado, por lo menos para mí, de una paciencia infinita, un –Anda, vé, chico, sin término a la vista. Y el chico va, lleno de cuidado con los sitios por donde poner los pies, dado que todo escurre a mi alrededor. Al mismo tiempo me gustan estos desafíos, esta lucha. Me recuerda a la guerra y no me gusta perder, no me resigno a perder.

Y, finalmente, al cabo de casi dos meses sin escribir, siento el próximo libro acercándose despacio hacia mí. Hoy, sin que yo lo esperara, en medio de una conversación acerca de Tolstoi y cuando mi socio de trabajo me recordó un pasaje de Ivan Ilich, que dice “la historia pasada de la vida de Ivan Ilich fue la más simple y vulgar y, por eso, la más horrible”, vibré en una especie de explosión interior y, de repente, todo el trabajo estaba allí, con una evidencia absoluta.

Había pasado parte de noviembre a vueltas con un proyecto que, tal y como estaba, no me servía y continuaba sin servirme pese a todas las alteraciones que le introduje. Acabé desistiendo y me volví más pobre que los muertos, sin soluciones alternativas, sin ningún camino para parte alguna, pensé que el grifo se había cerrado para siempre

(siempre creo que el grifo se cierra para siempre)

los días comenzaron a arrastrarse como babosas, los pasaba sentado a la mesa, lápiz en mano, mirando el papel vacío en una paciencia inmóvil que me dolía, perdiendo la esperanza en el hoy, de súbito, la frase que cité más arriba abrió la puerta de par en par y ahí estaba el libro delante, esperando, parecía que mirándome, quiero decir, no el libro, sino el material entero del libro amontonado en desorden como un modelo para montar, con sus innumerables piezas, a pesar de dispersas, listas para encajar unas con las otras y yo con miedo de tocarlas y lleno de ganas de empezar a utilizarlas, aún incrédulo con ese favor de los dioses. Ahora tengo que darle una estructura antes de comenzar a construir, hay inmensos huecos aquí y allí, innumerables problemas técnicos aún sin solución, montones de direcciones engañosas. Pero lo tengo y eso me provoca un alivio difícil de explicar. Yo pensaba acabar mi trabajo con dos libros, el primero de los cuales ahora delante de mí, después espero que el otro y ya. Pero éste ya está. Quiero decir, espero que ya esté. Solo es necesario estructurar el material, arreglar todo aquello, empezar, lleno de miedo, a componerlo. Yo funciono por perfeccionamientos sucesivos, corrigiendo, corrigiendo. Es un libro difícil de hacer pero ¿qué libro no es hoy difícil de hacer? Y después me gustan los desafíos. Lo peor, la nada que existía en mí, ya pasó. Y ahí voy yo, tente, no caigas, por las páginas.

Qué trabajo tan extraño escribir. Se llama “Pájaros casi mortales del alma”, vamos a ver lo que consigo con él. Pero he de ganar aunque me deje ahí los huesos. Poseo una docena de voces, me faltan otras que es necesario colocar en los agujeros respectivos. Estos “Pájaros” han de volar porque yo quiero. Un libro no es una prenda que cae del cielo, es una cosa conquistada migaja a migaja, el resultado, por lo menos para mí, de una paciencia infinita, un

– Anda, vé, chico

sin término a la vista. Y el chico allá va, lleno de cuidado con los sitios donde poner los pies, pues todo escurre a mi alrededor. Al mismo tiempo me gustan estos desafíos, esta lucha. Me recuerda a la guerra y a mí no me gusta perder, no me resigno a perder. De aquí a no sé cuánto tiempo quedará listo, como los restantes. Pero se deja la piel

(y un buen trozo de carne)

en esto. ¿Y por qué me lamento si no cambiaba mi vida por nada? Creo que no escogí este camino, me limité a aceptarlo, respondí

– De acuerdo

a una voz cualquiera desconocida que me propuso este pacto, una especie de encuentro entre dos soledades. Miro para la ventana, es de noche ahora. Todo negro. Casas a lo lejos. Y yo, vete a saber por qué, pensando en mis padres. Me gustaría que me hubiesen cogido en brazos, nunca lo hicieron. Soy tan pequeño a veces, ¿sabían? Es verdad: soy tan pequeño a veces. ¿Dónde está mi avioncito de madera? Me apetece hacer

– Vvvvvvvv

con él hasta salir por la ventana camino de mí.

Traducción: Aurora Feijoo.

(Crónica publicada en la revista VISÃO 1351 del 24 de enero de 2019)

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