Poner voz a los movimientos del deseo*

* “Voz a los movimientos del deseo” es el nombre que pusieron a sus jornadas de serigrafía artesanal las Serigrafistas cuir.

8 de marzo de 2020

Estoy muy revuelta. El día ha sido muy intenso. Los previos han sido nutrientes, ha habido debate, hemos escrito, compartido, conversado. Nos hemos movido por el cuerpo y hemos grabado sobre las telas.

Y en medio del viaje me encuentro con que, por momentos, no hay por dónde coger las cosas. Me encuentro con mujeres que presupongo que pueden entender y ponerse en el lugar de otras personas, realidades, cuerpos. Y sin embargo, cuando me hablan, me dicen que no están dispuestas a ello, no, no lo hacen, ni siquiera consideran que nuestra(s) lucha(s) tengan puntos de cruce con “otras luchas”. Y entonces me explican que la lucha de clases no es feminismo. Que lo cuir no es feminismo. Que lo trans no es feminismo.

Y me encuentro con que hay fisuras y grietas que crecen y se convierten en enormes brechas, cañones que me separan. Me encuentro a años luz de los lugares en que alguna vez estuve. Me siento en un continuo transitar de un lugar a otro. A veces ni yo misma me sigo. Todo va muy rápido.

Me veo impotente ante los juicios morales de unas sobre otras. Me veo tratando de contagiar mi empatía, mi sentirme atravesada, mi reconocerme en el fracaso social, mi disidencia, mi desacuerdo con el cuerpo que me dicen que debería tener, mi incomodidad a veces con mi propio cuerpo, mi lucha por aceptar y creer en lo que soy, mi deseo, me veo declarando que estoy más cerca de sentirme cuir que otra cosa, mientras que hay quien compara lo cuir con una élite rosa, con un lobby.

Me veo intentando, pero no lo logro. En la cabeza se me acumulan imágenes para contar. Intento desgranarlas, que se entiendan.

Y ahora mientras escribo recuerdo que existe la ambición, el ser alguien, que aquella que dejé atrás hace muchos años a algunxs todavía lxs persigue y reparo en que hay personas que no consideran el fracaso un arma o un camino que se convierte en desvío para alcanzar a habitar otros paisajes.

Y sé que, aunque no tengo nada de lo que quejarme, pues mi realidad es privilegiada, mis precariedades son estructurales y sin embargo las he creído mucho tiempo un fracaso personal. Y qué, si lo fueran. Siento que mis precariedades se luchan mejor junto a otras precariedades y junto a otras desechadas del sistema. No por haber ya nacido con algunos privilegios, alcanzados con las luchas de otras que me antecedieron, o que lucharon antes que yo en las calles, no por tenerlos voy a dejar de tender la mano ni de gritar las otras luchas, que también son mías.

Vuelvo a sentir la impotencia y el disgusto en las tripas, se me revuelven, tengo rabia convertida en tristeza sin poder haberla gritado antes. Y eso que hoy la he gritado, la rabia, y me he sentido parte de algo, de un común, de una disidencia, de una lucha, de un caminar y gritar, de una pancarta, un pañuelo verde y una orilla por la que transito y no estoy sola. Una pancarta de tela que decía: “Voz a los movimientos del deseo”.

Intento saber si el escribir esto me ayudará. Si me va a quitar la angustia de hoy. Llegando al final siento algo de alivio, solo un poco.

Intento reunir alguna conclusión del día, de los encuentros con amigxs y compañerxs diversxs, y recuperar algo de los días previos. Recuerdo la frase de una compañera: “Siempre lo intentamos”.

Y se me sube el cuerpo a la cabeza.

Creo que decidir quién soy, qué cuerpo soy, qué quiero hacer conmigo y con mi cuerpo es cosa mía. Y que así debe ser para cada persona, para cada cuerpo. Cada juicio y cada censura en el deseo o en el cuerpo de la otra persona, de los otros cuerpos, es no admitir que lo de la otra es cosa suya. Hasta que se lo quieran arrebatar, prohibir, censurar. Entonces comienza a ser cosa mía luchar por defender el espacio, el cuerpo.

Todo intento de juzgar y decidir qué hace la otra persona con su cuerpo es pretender establecer un juicio moral, una superioridad, una norma que se quiere imponer sobre el otro cuerpo, sobre la disidencia, sobre la otra persona que no encaja en la realidad de quien juzga, en su creencia de lo que debería ser. En la creencia de que sabe mejor que la otra persona, que el otro cuerpo, lo que ésta debe desear, lo que ésta debe hacer, lo que el otro cuerpo debe manifestar.

Siempre, siempre lo intentamos. Sigamos luchando.

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