¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

La primera vez que leí esta frase y su origen me entró un frío helado en el cuerpo que aún no se me ha quitado. Es una pregunta que me he hecho muchas veces, que me sigo haciendo, y que tiene además un significado doble y contradictorio.


De cara a la galería

Uno, cuando descubrí que la obligación de ser feliz no era mía, era algo impuesto desde fuera, y no de forma inocente, más bien cruel, amenazante, como una condena, pensada como un crimen, con nocturnidad y alevosía. Un mandato más de esta sociedad: consumista, capitalista, patriarcal y grosera. ¡Qué mal gusto! Ser feliz por obligación. Como un deber… pasando todo por tener las cosas claras ya con 18 años para saber dirigir tu vida hacia algún lugar de provecho. Una mujer feliz. Con la pareja (perfecta) (heterosexual), el trabajo (perfecto), la prole, coche (monovolumen), donde meter todas las cosas de la prole, que ya no vale un Seiscientos ni un 850 de la época. O un Simca 1000 (pronunciado: sincamil).

Resulta que elijo ser “normal”, porque ser feliz no me sale bien.

Ser normal

En realidad, he luchado mucho por ser normal y por ser feliz. Por ambas cosas. Ni siquiera tiene sentido planteárselo. Porque normal, normal, no me veo, y lo de felices ¿lo dejamos para otro día? Ahora, con ser honesta, comprometida y empática, me basta. Quizá, así, reconociéndome, resulta que me vuelvo feliz.

Aunque lo de ser “normal” tiene miga. Y es que, no ser “normal”, pero desear serlo para no tener que luchar por adaptarte a un mundo de mierda, desearlo con la boca pequeña para que te dejen en paz y seguir el camino de otros creyendo que es el tuyo… no hace feliz a nadie.

No ajustarte a la media, no encontrar a los veinte eso que te hace pertenecer, darte cuenta de que por ahí no era, no tenerlo antes de los cuarenta… hace sufrir. El sufrimiento como algo interno. El fracaso como algo externo. Aunque puede metérsete hasta la médula. Un alivio: el fracaso ya no tiene por qué ser sufrimiento. Al contrario, puede ser incluso un motivo de orgullo. Vamos a mirarlo de esa manera. Elijo ser yo misma. Elijo pertenecer a aquellos que han fracasado. Mucho mejor se me queda el cuerpo. Me siento bien ahí, no me siento bien entre los exitosos, los que brillan como si les hubieran dado lustre.


Ser feliz

Otro, el significado verdaderamente escalofriante, grosero y cobarde de la pregunta: Ser feliz como contraposición a ser “normal”, equivaliendo “ser normal” a quedarse una quietecita en casa sin llamar mucho la atención, sin que los vecinos puedan objetar nada de tu aspecto, costumbres, gustos, gustos sexuales, amistades, o forma de vestir… Ser feliz como ser tú misma. Ser. Sin más.

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

La frase corresponde al título del libro de Jeanette Winterson: “¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?” que relata parte de su vida a partir de la frase que le espetó su madre, viendo que su hija era rebelde y lesbiana, antes de que esta se marchara de casa con 16 años poniendo fin a una infancia de castigos en plena calle, de noche y con lo puesto, acurrucada en las escaleras, o en la carbonera con las ratas, también entre el frío y la humedad, entre otra serie de maltratos y locuras delirantes que la han marcado profundamente durante toda su vida. Además, Winterson devoraba libros, algo prohibido, y su madre hizo una gran pira con ellos cuando descubrió el escondite de su hija bajo el colchón de su cama

El qué dirán y las mujeres decentes

A mí me dijeron que podía hacer lo que quisiera en la vida, pero con disimulo, que por fuera siempre aparentase ser una mujer decente. A día de hoy, algo he aprendido. Se me da fatal disimular. Entonces, ahora que la decencia ya me importa un pimiento, creo yo, me dispongo a elaborar un plan para ser la más normal de los frikis, la más feliz de los fracasados, sabiendo que no hay nada que perder, solo hay cosas que ganar, con una enorme paz y una seguridad de estar en el camino cierto, completamente errado, pero felizmente equivocada. Al final, todas queremos ser, al menos, un poco felices.

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