Menhir: Cuando la materia se encuentra con lo efímero y lo celebra

Imágenes: Juan A. Torres Guzmán & Aurora Feijoo.


Cerro de las Cogotas, 13 de septiembre de 2020.
La Meditación del Agua, Menhir (Coco Moya e Iván Cebrián).
Performer: Estrella R.

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donde te acontece el agua donde el perfil de las doncellas
y la elipse de los cardos sobre el cielo donde el ruido es
sirena o tempestad aquí donde te acontece esta tierra mía

Teselas
Carmen Crespo

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qué parte es tierra,

música,

aire, nube, o cielo.

qué parte es árbol encina hoja tronco,

dónde el sonido de la música y dónde el sonido del agua,

la textura.

dónde la memoria de la sal en la piel,

el agua.

húmedo el cuerpo.

el agua.

la música el paisaje la luz.

manos. unos brazos

al cielo, clamando ¿qué?

un cuerpo se estira,

intenta alcanzar.

un cuerpo se dobla

para entrar por la hendidura,

la hendidura, la roca.

dónde el agua la música la tierra la sal la arcilla.

unas manos

en el naranja de la tierra.

un cuerpo camina

con los pies entre las piedras.

un cuerpo que sabe la música.

dónde, el agua.

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Celebración de la materia

Para mí, La Meditación del agua, como una promesa, comienza unas horas antes, por la mañana, cuando salimos rumbo a Ávila desde Madrid. Continúa cuando nos dejamos llevar por las calles de la capital sin un rumbo determinado, transcurre cuando nos echamos al pie de la muralla para comer, y mientras observamos la rareza arquitectónica de la basílica de San Vicente, Sabina y Cristeta.

La Meditación del agua es una enorme dehesa poblada de encinas y una porción de agua a lo lejos. Un camino que serpentea entre piedras. Un castro sobre un cerro. Es encuentro, contemplación, escucha colectiva de la huella en el espacio, una celebración de cuerpos reunidos en torno a la despedida del día. Es una gran presa, cemento, y luces anaranjadas de farolas a la vuelta, ya anochecido. Es, como extensión del día, una reverberación de la tarde. Es también sonido ambient a todo trapo en el coche de vuelta y la luz de los faros reflejada en las líneas de la carretera.

Es el misterio de los que nos antecedieron.

Salir de una para entrar, salir de la noción de un aquí, para entrar en un paisaje, allí. Que es aquí todo el tiempo. Paisaje. Que ya es una y que ya está en el cuerpo. El cuerpo como silueta a contraluz. Como seres en espiral sobre la roca. Y como sustancia que se abraza a la tierra, a la piedra áspera. En comunión. El cuerpo como los pies que nos hacen saltar de la roca, bajar al suelo, seguir con la mirada los pasos de la performer, Estrella R., mientras suena la música saliendo de la tierra misma.
Es como si el soplo del aire susurrara una melodía, como si las hojas de las encinas gritaran a los lejos una porción de música, como si las piedras enormes nos revelaran la grieta para acceder a la mística del atardecer. Es la tierra que canta.


Los pies. Los pies vendados. Las pisadas que despiertan la música encerrada en la tierra. Las manos que acarician la grieta, los ojos que nos muestran las encinas a lo lejos, en siluetas confusas, ¿árboles, rocas, piedras sagradas? El cuerpo que hasta aquí nos ha traído. Desde marzo, hasta aquí, milagrosamente. El cuerpo que transmuta en pájaro.

La Meditación del agua de Menhir como oportunidad para celebrar la vida, el aire en la cara, la tierra bajo los pies, la luz en los ojos. Para celebrar la unión de los cuerpos, la existencia, la ceremonia, la amistad.

Y ahora, constatada la belleza, ya solo quiero aullar, a la luna, o al amor, a los cuerpos, a la música. Aullar, elevar la voz, como en este otro magnífico tema de menhir: wolfman.

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La conjunción de lo efímero y el paisaje que permanece:
Arte sonoro y danza del siglo XXI en un asentamiento prerromano

La Meditación del agua es el nombre de una instalación sonora del colectivo Menhir, compuesto por Coco Moya e Iván Cebrián. Instalación que en 2019, en otra forma, se pudo disfrutar en el entorno de las Salinas de Añana (Vitoria) y que el 13 de septiembre de 2020 se mostró y sonó en Cardeñosa, Ávila, en el Castro de las Cogotas, un asentamiento prerromano (activo entre los siglos VII a. C. y el III d.C.).

La instalación se ubicó en lo alto de un cerro desde el cual se divisa el río Adaja, disfrutando de una visión de 360 grados sobre todo el territorio. Ávila, a lo lejos, el río y el embalse, allá abajo; las dehesas con encinas y las vacas por allí pastoreando. Y un inmenso cielo, como una gran pantalla 3D desde la cual gozar de la puesta de sol y de sus últimos rayos sobre las piedras y las pieles.

La propuesta de “alquimia sonora” contaba con un recorrido libre, deambulando entre las piedras, desde donde ir escuchando la música y los delicados sonidos, como mantras, de la instalación sonora, y así poder ver las piezas que componían cada una de las fases, representadas por cuatro esculturas sonoras. Entre tanto, la performer Estrella R. recorría también el terreno con su propuesta corporal de movimiento, interactuando con los elementos propios del terreno (la tierra, las piedras, el aire) y con el sonido, así como con los diversos elementos de la instalación, diseminados por el espacio concebido para la muestra: agua, arcilla, sal. Y, junto a todos estos elementos, otros integrantes clave de la performance: las personas que componíamos el público, que terminábamos de cerrar el círculo de escucha, el dar-recibir inmerso en esta celebración sensorial y un tanto mística, como experiencia de transformación en un paisaje natural poderoso.

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BIO de la página de menhir.es
Menhir es un colectivo formado por la artista visual Coco Moya y el músico y psicólogo Iván Cebrián. Estudian la noción de territorio especulativo, y los estados de conciencia, a través de instalaciones sonoras, performances, rituales, vídeos o publicaciones. Están interesados en generar campos de acción que permitan la transformación mutua entre el espacio, las personas y las fuerzas que lo atraviesan. Recuperan la geomancia como metodología de conocimiento y práctica del entorno. Así, consideran sus piezas como menhires virtuales que son emplazados en un lugar expandido, -un territorio físico, un acontecimiento en el tiempo, o un estado interno-, con el objetivo de reorientar su sentido hacia el afecto, la pertenencia y la interdependencia bajo una idea tecno-natural animista de lo vivo. 

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