Andariega

 

Este post lo dedico a todas las mujeres que persiguen sus sueños y que sueñan con ser vagabundas y a las que no saben que pueden alcanzar lo que se propongan. Es también un homenaje a la poeta Juana de Ibarbourou y con él aporto otro granito de arena a la travesía de la activista, ciclista y amiga Cristina Spínola. 

 

JuanadeIbarbourou

Mujer

Si yo fuera hombre, ¡Qué hartazgo de luna,
de sombra y silencio me había de dar!
¡Cómo, noche a noche, solo ambularía
por los campos quietos y por frente al mar!

Si yo fuera hombre, ¡qué extraño, qué loco,
tenaz vagabundo que había de ser!
¡Amigo de todos los largos caminos
que invitan a ir lejos para no volver!

Cuando así me acosan ansias andariegas,
¡Qué pena tan honda me da ser mujer!

Juana de Ibarbourou*
(Uruguay, 1895-1979)

Andariega. Harta de caminos. Con el sol en el rostro. El frío en los pies. Tejiendo rutas que se marcan en sus ojos. Ahíta de amaneceres. Sobrada de kilómetros. Pendientes. Polvo. Camiones. Humos. Tubos de escape. Sal. Tierra, mar, piedra, barro. Y dos ruedas, siempre sobre dos ruedas.

Pinchazo. Parada. Acoso. Lágrimas.

Paisaje, su mirada llena de todos los paisajes. Los nombres agolpados en su interior. (India. México. Chile. Katmandú). Un templo tibetano y un colchón-esterilla. Lago, montaña, río, pedregal. Más polvo.

Motocicleta. Tráiler. Arcén. Sudor. Sangre. Noche. Miedo. Dolor. Lágrimas. 

El mundo recogido en una trenza, unos gemelos, un manillar y unas alforjas.

¡Mujeres al poder! 

***

Aquí la entrevista radiofónica que, para mí, mejor refleja su viaje.
(Levando Anclas de Radio Euskadi, Roger Blasco)

***

Aquí su periplo por el mundo.

2014. Durban. Mozambique. Malawi. Tanzania. Kenia. Asia. (…) India. Indonesia. Bali. Nueva Zelanda. El Gran Cañón. Los Ángeles. México. Centroamérica. (…) Colombia. Ecuador. Perú. Patagonia. Chile. Argentina. Ushuaia. 2017.

***

*Juana de Ibarbourou mantenía haber nacido en 1895, tres años después de su fecha real (1892), por lo que aquí reflejo la fecha que ella eligió para haber nacido. Fue «Juana de las Américas» y ocupó un sillón desde 1947 en la Academia Nacional de las Letras de Uruguay. Fue Premio Nacional de Literatura en 1959, primer año en que se otorgaba dicho homenaje. 

Aire fresco

Esta semana me ha dado por pensar que eso son los amigos. Aire fresco en la lucha de los días. Aire fresco porque me hacen sentir más liviana. Aire porque me mueven emociones. Fresco porque renuevan mis ojos con su mirada.

Entre la soledad adictiva de las redes, buscando un poco de cariño entre los likes, gosto, me gusta, aparece un amigo de lejos, en el tiempo y en el espacio, y se planta acá, en mi vida, en carne y hueso, y el carnal me dice «¡¡¡despierta!!!» aunque no lo diga exactamente así, con palabras, pero sí con sus ojos, sus sonrisas, y con conversaciones sobre lo que le preocupa, sobre lo que me preocupa.

Mi casa, que soy yo, se abre, se ventila. Deja ventanas abiertas para que soplen los vientos de abril y se lleven todo el polvo acumulado del invierno. Llega la tarde y aparecen unos planes, llega la noche y la cena se prepara en conversación animada. Después reposan dos platos en el fregadero. Dos vasos. Dos juegos de cubiertos. Como queriendo decirme que no solo de dos en dos existen las parejas (sentimentales). Que se puede ser amigos, tener amigos. Compartir con amigos. Por si lo olvido.

Nos hablamos por whatsapp, cada uno en una estancia de la casa.

Subo un par de fotos del sábado. Estoy contenta. Muestro mi contento. Hay muchos likes, la gente me quiere. En 2011, al poco de empezar con esto de las redes, tenía 2, 3, y 7 likes y ya era un exitazo.

Ahora alcanzo la treintena de «me gustas» en los mejores momentos; entonces, me quieren más? He repartido mi cariño y mi persona entre más gente? La última foto en que más gusto es una foto en que poso mal, salgo poco favorecida. Me asombro. A mi me gusta salir bien. Lo que decimos favorecida. Aunque mis amigos no me quieren por ser más guapa o más fea, más alta, más gorda o más atlética. No sé por qué me querrán. ¿Por mi sentido del humor (poco, aunque cada vez más), ¿por mis ganas de seguir pase lo que pase? ¿Por mi curiosidad? ¿Por el ser sensible y poético que se esconde aquí en la cueva? ¿Por mi sonrisa? ¿Por ser un poco cascarrabias? ¿Por buscarle los tres pies al gato? ¿Por pensar cosas que no se le ocurren a todo el mundo? ¿Por pensar cosas que se le ocurren a todo el mundo? ¿Por escribir sobre ellas?

Porque soy generosa. Ahí englobo generosa en likes, en comentarios, en algún que otro achuchón fuera de la red. Generosa en conversación. Compartiendo mi experiencia. Generosa en paseos. Sí, eso es la vida real. Aunque cueste volver desde todas las pantallas.

Por mis ocurrencias. Por ser yo. Eso es lo que más cuesta, en todas partes. Y en la red, también. Ser una misma. Y crear el espacio, como en la vida, para serlo.

Nos vemos… ¿en las redes?

 

AmigoSaramagoVhils100

Bach y la torrija solitaria o La vergüenza, la vulnerabilidad y el miedo.

Las monstruas nos espían desde los frisos y en los márgenes de los libros.*

Acabo de ponerme un disco de Bach, pues he leído que la música clásica activa algún lugar recóndito de nuestra mente, y a nuestras neuronas les da por crear conexiones de mayor calidad y creamos mejor. O algo así. Acabo también de prepararme una torrija. Sí, una. Un tetrabrik de leche en la nevera con sólo cuatro dedos. Una barra entera esperando a ser convertida en manjar. Ante la imposibilidad de cocinar todo el pan, la solución ha llegado sola: «Hazte solo una rodaja».

La música sonando y la torrija digiriéndose. Y mi mente continúa dando vueltas al reportaje que acabo de leer en el Expresso: «Su nombre es Pedro y ella es un monstruo».  (En este punto necesito bajar el volumen pues el ímpetu del Allegro me desconcentra. Ha terminado el Allegro del concierto para dos violines y cuerda en re menor, BW 1043, y empieza la Suite en do mayor, BW 1066, con una Ouverture de 9 minutos. Éste es el único disco de Bach que tengo, que recuerde, y siempre he querido presumir en algún momento de escuchar música clásica, por lo que aprovecho para dejar aquí constancia).

Vuelvo al artículo del Expresso. Estatuas-memórias. Memória-mágoa. (Estatuas-memoria. Memoria-Herida).

Las memorias como estatuas. El recuerdo como herida. La fragilidad como lugar de insurrección, lugar desde el que nace, «una vulnerabilidad profunda, un sentimiento de constante fragilidad, una violenta volatilidad emocional: la exigencia de confrontación, de lanzar mi anormalidad a los ojos que reprueban, de vestir una falda, ponerme pendientes largos y pintarme los ojos, no sólo a pesar de los días en que estoy mal, sino también por causa de ellos». Y en ocasiones la dificultad que reconoce en ser concebido por sus amistades como «alguien que carga en sí, al mismo tiempo», con características y demostraciones emocionales tan contradictorias.

«Sei que por vezes amigas têm dificuldade, ainda hoje, em conceber-me como alguém que carrega em si, ao mesmo tempo, por um lado uma vulnerabilidade profunda, um sentimento constante de fragilidade, uma violenta volatilidade emocional; e por outro não só o desejo mas efectivamente a exigência de confronto, de espetar a minha anormalidade nos olhos que reprovam, de vestir uma saia, pôr brincos compridos e pintar os olhos – não só apesar dos dias em que estou mal, mas também por causa destes.»

Habla Pedro Feijó, que se define a sí mismo y a su historia como la de «el hombre que las monstruas siempre vienen a poner en causa». Y quien también habla de la escritura, de la propia biografía, y de la escritura de la biografía, encarando y descubriéndose a sí mismo recuerdos-estatua que le devuelven a la infancia: «pero, por encima de todo, veo un niño que se sentía, y de hecho lo era, profundamente inadecuado, y que vivía lleno de pavor con la posibilidad de que le descubrieran su naturaleza alienígena. Era un niño lleno de vergüenza, violentamente solo, que no tenía a quien recurrir, que se veía en el abandono».

«Mas acima de tudo vejo uma criança que se sentia, e de facto era, profundamente inadequada e que vivia apavorada com a possibilidade de lhe descobrirem a sua natureza alienígena. Era uma criança cheia de vergonha, violentamente só, que não tinha a quem socorrer, que se via ao abandono.»

Y a quien una amiga cercana le describe así: «No saben el esfuerzo permanente de resistencia de ella»: Ella usa faldas. Ella usa pendientes y collares todos los días. Es alta, delgada y se mueve con una delicadeza ingenua y algo atropellada. Ella es dueña del mundo, centro de todas las atenciones allá donde esté (…). Le llaman maricón, marica, payaso. La acusan de ser un snob centrado en sí mismo, con sed de protagonismo, un prepotente académico que no conoce el mundo. Un individualista, dominador de flirts, que duerme con todo el mundo. Ellos no saben nada de ella. No saben de su esfuerzo permanente de resistencia.»

Ela usa saias. Ela usa brincos e colares todos os dias. É alta, magra e move-se com uma delicadeza ingénua e algo atabalhoada. Ela é dona do mundo, centro de todas as atenções em qualquer lugar onde está. (…) Chamam-lhe paneleiro, maricas, palhaço. Acusam-na de ser um snob auto-centrado, com sede de protagonismo, um prepotente académico que não conhece o mundo. Um individualista, dominador de flirts, que dorme com toda a gente. Eles não sabem nada dela. Não sabem do esforço permanente de resistência dela.

La vergüenza, la vulnerabilidad y el miedo. «Esa vergüenza, ese miedo y esa vulnerabilidad son el sustrato de algunas de las herramientas emancipatorias que tengo hoy en día».

«Essa vergonha, como esse medo e essa vulnerabilidade, são o substrato de algumas das ferramentas emancipatórias que tenho hoje em dia; (…)»

La reconciliación con el monstruo

«Llevo ya años intentando reconciliarme con mi monstruo mariquita, con mi «monstrosito maricón». No ha sido fácil. A fin de cuentas, crecimos separadas, pero también fue de esa separación que nacemos: el encarcelamiento de mi monstruo hizo de mi quien soy, estableció las posibilidades de relacionarme, diseñó la economía de mi deseo. Contra todos los instintos, y desafiando la propia comodidad, le fui abriendo el armario y he intentado, en la medida de lo posible, ir de la mano con él. Reconocí las partes que me asustaban, pero también su potencia: es el monstruo que se revuelve, que me permite tener la fuerza para maquillarme, para ser marica, para usar faldas, fue el monstruo que, en mis sueños, vino en mi socorro y mandó al carajo a aquellos que se reían de mí por andar de la mano con un tío. Él me dio la rabia y la furia que yo dejé de lado, él quiere hostias cuando yo quiero huir, el grita «soy marica, sí, so procreador de mierda» cuando yo sólo quiero esconderme.»

«Venho agora há anos a tentar reconciliar-me com o meu monstro mariquinhas, com o meu monstrosito maricon. Não tem sido fácil. Afinal de contas, crescemos separadas, mas foi também dessa separação que nascemos: o encarceramento do meu monstro fez de mim quem sou, estabeleceu as possibilidades de me relacionar, desenhou a economia do meu desejo. Contra todos os instintos, e desafiando o próprio conforto, fui-lhe entreabrindo o armário e tenho tentado, o quanto possível, andar de mão dada com ele. Reconheci as partes que me amedrontavam, mas também a sua potência: É o monstro que se revolta, que me permite ter a força para me maquilhar, para ser bicha, para usar saias, foi o monstro que, nos meus sonhos, veio em meu socorro e mandou ao caralho aqueles que me gozavam por andar de mãos dadas com um gajo. Ele dá-me a raiva e a fúria que eu tranquei de lado, ele quer pancada quando eu quero fugir, ele grita sou paneleiro sim, seu procriador de merda quando eu só me quero esconder.»

La vida en los márgenes

«Este cuento está lejos de terminar. En mi historia, como en la historia del «Hombre» que las monstruas siempre vienen a poner en causa. También ellas espían desde los frisos de las iglesias y de los márgenes de los textos prohibiendo que me calle a mi misma contando una historia final; las historias siempre son provisionales, son siempre solo un entendimiento, siempre precarias, y solo sedimentan cuando, por miedo, intentan matar monstruos. Si hay alguien a quien se le pueda confiar la producción autobiográfica es a los monstruos: es difícil la universalidad cuando se trata de una escritura conducida por la monstruosidad, de una teratografía**. A mi mariconez, ser marica, miedoso, vino el orgullo a raptarla a la vergüenza. El monstruo aquí sigue, a veces aterrador, atemorizando. Pero se ha transformado, también, en una potencia de vida que cada día me desafía a experimentar lo incómodo, a devenir más maricona, más incómoda, menos domesticable. El mismo monstruo marica que me amedrentaba se ha transformado en una enorme criatura insurrecta.»

Este conto está longe de acabar. Na minha estória, como na história do Homem que as monstras sempre vêm pôr em causa. Também elas espreitam dos frisos das igrejas e das margens dos textos proibindo que me cale a mim própria contando uma estória final; as estórias são sempre provisórias, são sempre só um entendimento, são sempre precárias, e só sedimentam quando, por medo, tentam matar monstros. Se há alguém a quem se possa confiar a produção autobiográfica é aos monstros: é difícil a universalidade quando se trata de uma escrita conduzida pela monstruosidade, de uma teratografia. A minha mariquice, ser maricas, medroso, veio o orgulho raptá-la à vergonha. O monstro cá continua, por vezes aterrador, amedrontando. Mas transformou-se também numa potência de vida que a cada dia me desafia a experimentar o desconfortável, a devir mais paneleira, mais incómoda, menos domesticável. O mesmo monstro maricas que me amedrontava transformou-se numa enorme criatura insurreccional.

*Extracto de la entrevista a Pedro Feijó en Expresso, 16 de abril de 2017, autoría de Christiana Martins

**Descripción de milagros o de hechos superiores a las fuerzas de la naturaleza. Según el «Dizionario Tecnico-Etimologico-Filologico». (Editorial: Milano, Pirola, 1828-29). Y que podría también traducirse como «Teratología», que según la RAE, en su única acepción, significa:

1. f. Estudio de las anomalías y monstruosidades del organismo animal o vegetal.

Nos inventaremos los nombres

Dibujaremos los mapas,
nos inventaremos los nombres.

Esta mitad de estrofa de Ricardo Lezón, mcenroe, resume la euforia de la construcción de un lugar que, en realidad, no existe. Pero es tanta la emoción que siento al leerlo y, sobre todo, al escucharlo, y era tanta la que sentía al leerlo y, sobre todo, al escucharlo.

Y digo que no existe porque en el momento en que se deja de de construir, desaparece. Como si nunca hubiera existido. Y entonces, el estupor. Como la niebla de Rugen las flores, que «tal vez, (la niebla), vuelva a encontrar la puerta abierta».

Vacío

No sé lo que me proporciona mayor angustia en una ruptura. Si es la derrota del amor, el fracaso del acercamiento entre dos seres, o el miedo a que ese espacio antes lleno ahora se vacíe, y la irrealidad que provoca no saber qué hacer con los recuerdos. Me ha llegado a obsesionar la pregunta recurrente de a dónde van, cuál es su destino, qué hacer con ellos, dónde guardarlos. ¿Existe, acaso, algún escondrijo capaz de contenerlos?

Tampoco sé que me proporciona mayor angustia, si desmontar el altar en el que allí, sí, residen en forma de fotos y de algún trozo de papel cargado con el peso de lo vivido, topandome con algún libro desubicado, o el proceso de desmontaje del altar interno, ese que se nutre de emociones, y que fue creado sólo para contener la emoción del amor.

Me pierdo si dejo que la mente se entretenga en vericuetos, queriéndome recordar un olor, un tacto, una sensualidad, una voz, un susurro, un despertar, un calor, una espalda, unas manos conteniéndolo todo.

«Y nuestros rostros, breves, en un cajón*». Donde la angustia reside.

 

 

*En un brevísimo homenaje a John Berger.

 

 

¿Alguien se ha olvidado de hacer su trabajo?

¿Por qué misteriosa razón se publica esta noticia en la sección de sociedad?

¿Por qué A Gorda aparece tratado como si fuera un reality show?

¿Por qué Isabela Figueiredo, “esta sensible mujer”, no aparece presentada como la escritora portuguesa de larga trayectoria que es? ¿Alguien se ha perdido algo?, que diría Gila.

¿Alguien es capaz de publicar una noticia sobre un libro mencionando solo en dos ocasiones la palabra “libro”? ¿Alguien prefiere evitar la palabra “libro” para presentar un libro y sustituirla por otras como “relato” o “testimonio novelado”? ¿Qué pretende alguien que niega a Figueiredo el oficio de escritora y que dice que la editorial “se afana en presentar la obra (…)”?

¿Alguien no ha visto ni leído a “esta mujer portuguesa de 53 años” en alguno de medios de tirada nacional portuguesa, en los últimos meses, o en sus suplementos culturales, concediendo entrevistas, como reconocida escritora que es? ¿Alguien desconoce que su libro “Caderno de Memórias Coloniais”, escrito en 2009 y reeditado en 2015, ha sido destacado entre las mejores lecturas de la década por el suplemento cultural en su recopilatorio de 2010 realizado por también reconocidos escritores y estudiosos portugueses? ¿Alguien se ha perdido que A Gorda aparece entre los mejores libros de 2016 en diferentes medios portugueses? ¿Se puede tener mayor desfachatez para afirmar que su libro A Gorda “se ha colado” entre los más vendidos? ¿Alguien se atreve a escribir un artículo sin mencionar ni una sola vez que Isabela Figueiredo ya es escritora? ¿Alguien se atreve a escribir una noticia descontextualizada, sin informaciones contrastadas, sin citar fuentes y utilizando el género reality como anzuelo para dar forma a un artículo desfasado de la realidad? ¿Alguien se ha olvidado de hacer su trabajo?

¿Se puede mostrar mayor desprecio y desatino? ¿Hay algún acierto en este texto –repugnante- escrito por un corresponsal español en Portugal para un medio nacional? ¿Hay algún editor que revise los textos? ¿También se escribe y se trata así a artistas portugueses hombres?

¿Alguien conoce al autor de este texto y puede decirle que es una vergüenza y que esto no es periodismo y que artículos como el que menciono no le hacen merecedor de la responsabilidad de ser corresponsal en Portugal para España de un medio nacional, ya que así no muestra tener ni un ápice de respeto o cariño por su gente o su cultura?”

Nota: No conozco personalmente a Isabela Figueiredo. No he leído aún ninguna de sus novelas.

#PortugalExiste
#EstoNoEsPeriodismo
#Abc.es
#ElPeriodismoNecesitaFeminismo
#IsabelaFigueiredoEscritora

Escultora a secas: Camille Claudel

Comienzo pensando que hoy no voy a escribir nada de jeito*, pues tengo en la cabeza el brexit de Eva, el maullido de mi gato interrumpiendo el sueño de domingo por la mañana, la soledad de la que escribe, el trazo del círculo en que no dejo de contarme, la languidez del sol calentando la esquina del sofá donde me gusta sentarme a no pensar.

Todo ha empezado al leer en una noticia de un diario portugués la historia de Camille Claudel y su merecido museo (aquí el enlace al artículo), y notar que a veces creemos que queremos decir algo pero la forma nos delata y no terminamos de decirlo. Incluso contamos lo contrario bajo palabras que no definen lo que nuestro lenguaje formal dicta. A raíz de este artículo que habla de lo injusto de perpetuar la historia y que sin embargo se encarga de hacerlo, perpetuando lo perverso del lenguaje. Aunque la autora parece creer que su comienzo hablando sobre el titular que pudo ser (injusto, sexista, poco afortunado) pero no fue ya hace justicia. Y no. Por eso he escrito una ingenua propuesta de corrección a través del formulario que aparece al final del texto publicado en Internet.

Sobre Camille Claudel y la injusticia de ser mujer

La noticia es un ejemplo de cómo no introducir un artículo referido a una mujer, en el que la primera referencia a su biografía hace alusión al parentesco o relación amorosa con un hombre reconocido, y cómo no escribir un pie de foto en el que se hace referencia a la belleza de Camille Claudel, como si ese dato fuera históricamente relevante en lo que se refiere a su desempeño en la historia del arte en la disciplina de escultura.

Aquí os dejo mi comentario, en un portugués mal escrito, y debajo os dejo una traducción o explicación al castellano de los que también me leéis.

  • «Mais que um erro, acho a abordagem do artigo contrária ao que se está a expor. A forma na qual foi escrita a introdução, no primero parágrafo, não faz mais que «perpetuar a história» e a injustiça da que está a falar depois. Além, no comentario baixo a fotografia, está a dar informação não relevante, com um trato diferente a uma mullher artista, destacando a sua beleza, que é a última coisa que interessa enquanto o eixo da questão é o percurso artistico e vital dela na arte da escultura.
    É dizer, se o objetivo do artigo é apoiar a importáncia da Camille Claudel que vai ser reconhecida com um museu, uma forma de reparar esa perpetuação da historia seria fazer concordar a forma com o conteúdo do texto. As palavras dizem e a forma delata uma construção contrária ao discurso.
    E se a autora tem muita vontade de falar da beleza da escultora (o qual automáticamente chama a salientar uma qualidade feminina e faz relembrar que ela «foi só amante de»), por favor, pode fazé-lo mais para a frente, contextualizadamente.
    O facto de falar de uma mulher a fazer referéncia a um homem (filha de, amante de) na sua apresentação quer dizer que ainda temos muito que mudar na nossa forma de expressar, e,  com muita mais responsabilidade, como jornalistas que falamos para o público. Obrigada. Cumprimentos.»

Esto es más o menos lo que quise decir:

Más que un error, considero el abordaje del artículo contrario a lo que se expone en el mismo. La forma en que está escrita la introducción, en el primer párrafo, no hace sino «perpetuar la historia» y la injusticia de la que habla después. Además, en el pie de foto, habla de su belleza, información no relevante, proporcionando así un trato discriminatorio a una mujer artista, que pasa a ser valorada, hasta el momento, por atributos que pasan por ser «amante de» y por su belleza física. Es lo último que nos interesa, su belleza, cuando lo importante es hacer foco en su recorrido artístico en la disciplina de escultura… y ahí sí pueden comenzar a aparecer las referencias a su maestro y… amante.

Es decir, si el objetivo del artículo pasar por apoyar la importancia de Camille Claudel en la historia de la escultura y destaca que su relevancia histórica y artística va a ser reconocida al fin (aunque también sea criticable el contenido del museo), una forma de reparar esa injusticia de trato y ese perpetuar la historia injustamente sería hacer concordar esas palabras con la forma del texto, que parece contraria a lo que se pretende expresar. Las palabras dicen y la forma delata.

Y si la autora tiene muchas ganas de hablar de la belleza de la escultora, puede hacerlo más adelante y de forma contextualizada, si es que se puede y la estructura del relato lo pide. Hablar de la belleza de Camille Claudel automáticamente llama a destacar una cualidad femenina que la hizo ser solamente «amante de» y que, de paso, rebaja su capacidad artística.

Y, concluyendo, el hecho de hablar de una mujer haciendo referencia a un hombre en su presentación (hija de, amante de… ) quiere decir que aún tenemos mucho que cambiar en nuestra forma de expresarnos, y, con mayor responsabilidad, como periodistas que nos dirigimos al resto.

Únicamente siento que me haya saltado la alarma justamente con un artículo en un diario portugués, puesto que nuestra literatura periodística -la española- está llena de estas fallas del lenguaje, que en realidad son lapsus de pensamiento no consciente transformado en palabras en una sociedad eminentemente patriarcal.


*nada de jeito: es una expresión portuguesa que me encanta y que vendría a decir «nada a derechas», «nada bien» , «nada útil» o no dar pie con bola.

El gato triunfador

Le digo a mi gato que es un triunfador y voy a prepararme la comida.
Mientras, pienso en el concepto de ir, volver, quedarse, resistir, triunfar.
Blanco es un gato alfacinho del barrio de Graça. Vino con nosotros en 2005, con una cadera rota y desde entonces ha vivido como un marqués. Como un marqués sordo, que requiere mayor atención y grita más fuerte que el que no lo es. Salió de la calle para entrar primero en un familia y después en otra.
La primera, portuguesa, le tuvo hasta que pudimos ir a recogerlo a Lisboa aprovechando un viaje a Caldas de Rainha.

Por alguna extraña razón, el verano de 2005 se nos aparecían gatos en todos los lugares: descampados, playas, plazas, en Lisboa, en el Alentejo, en la Sierra da Arrábida. Maullaban, nos rodeaban, nos ronroneaban. Y con pena nos marchábamos, después de algún soborno que otro en forma de lonchas de fiambre.
Las peripecias de nuestro verano gatuno llegó a oídos de nuestra amiga Caterina, que veía más señales que nosotros en aquello, y después del verano decidió guardarnos una cría de una gata de la calle que había parido cerca de su casa. Ella se quedó con su hermana. Que tuvo peor suerte, pues en una de las caídas por el balcón no volvió a a maullar más para contarlo.
Y cuando recogimos a Blanquito en octubre de 2005 ya tenía la cadera rota en su primera caída por aquel balcón.
Lo que supimos más tarde, dos caídas después y tres vidas menos, es que nuestro gato tenía el «síndrome del gato paracaidista». Bastante hilariante pero a la vez preocupante. Yo contaba a mi favor con no haber estado presente ninguna de las veces en que se había precipitado a la calle desde nuestro segundo piso del rastro en Ribera de Curtidores, una, saldada con rasguños y susto y, la otra, con rotura de fémur, operación y doble susto, el emocional y el monetario.

La cuarta vida de Blanco la gastó al precipitarse desde un quinto piso cuando dormía tranquilamente la siesta en el alfeizar de la ventana del salón. El triple susto esta vez comenzó con una vecina llamando al telefonillo y diciendo, para convencerme: «Baja, que aún respira».
Y con esta caída y un saldo de tres vidas sobre siete, mi gato volvía a confirmar su estatus de mimado y privilegiado gato de almohada. Doble préstamo, familiar y del banco, vigilancia dos noches en una clínica de urgencias, con horario restringido de visitas y yo llorando como una magdalena viviendo mi primera culpa. Operación en buena clínica, el mismo cirujano que le operó la cadera, radiografías y electro, ecografía, anestesista. A todo trapo.

Casi no cojea.

Por eso mi gato es un triunfador, porque su vida triunfa sobre la muerte y la calle es solo un origen sin importancia. Habla dos idiomas, tiene piso, cuidadora, y comida y agua fresquita todos los días sobre su plato. Puede elegir entre puf, sofá o cama y va haciendo las posturas del kamasutra siguiendo el giro del sol y sus rayos entrando por la ventana a lo largo del día. Así, todos los días. En algún descuido consigue escapar y se reboza convenientemente dejando su olor en las escaleras, marcando territorio en el portal, por lo que pueda pasar.

Y yo? Yo huí a Portugal en 2011 y dejé aquí todo por hacer para ver si podía continuarlo o comenzarlo allí. Y volví. Y no me quedé. Y tuve éxito? No según los cánones sociales. Y ahora estoy aquí y miro mucho hacia allí, en una suerte de mirada emigrada, un tanto incomprensible, ya que «soy de aquí», de Madrid, y sin embargo hablo de allí, de Lisboa, como si me hubiera dejado alguna parte de mí.
Yo, que emigro al sur del sur. Yo. Que no buscaba la fortuna del emigrante. Y sí la luz de la lengua lusa y el color de los cielos atlánticos y las olas del Mar de Paja. Vine, ví, volví. Y (no) vencí.

Orgullo telepático

A veces me acerco a mi gato despacio, sin hacer ruido, y miro sin parpadear si se mueve su tripa, signo de que respira. Si no se mueve, me da un vuelco el corazón y le creo muerto, pero en seguida los pelos suaves de su tripa hacen un movimento muy tenue y entonces mi gato, de pronto, recupera la vida.

Cuando creo que se ha muerto así, sin avisar (¿será que un gato avisa antes de morirse? ¿Será que alguien avisa y a quién antes de morir?), me invade una mezcla de paz y miedo. Y un fuerte alivio cuando decide resucitar.

Hoy le estaba mirando desde la mesa, él dormitando en el brazo del sofá. No veía el movimiento de la respiración; la poca luz, lo estático de su postura. No respiraba. Y entonces la ranura de su ojo se ha agrandado un milímetro, lo suficiente para que yo lo notara, porque él sabía que yo le miraba. Y he disimulado, y he vuelto a mirarle, y a cada mirada furtiva, él abría un milímetro más el ojo. Hasta que he vuelto a concentrarme en el ordenador, y entonces ha abierto los ojos de repente, como si algo le hubiera tocado, y se ha quedado mirándome fijamente cinco minutos que han parecido un día entero.

Finalmente se ha dado la vuelta y se ha colocado en una postura que le permita, además de ser espiado, espiarme él también. Y ahora estamos el uno frente al otro, espiándonos, en un orgullo telepático de miradas furtivas, parpadeos milimétricos, movimientos de oreja y bostezos nocturnos.

Alcalalí*

*Título de uno de los relatos de Juantxu Bohigues en su recopilatorio Luna de sangre.

Alcalalí. Al encender el ordenador, lo primero que hago es buscar la palabra mágica en el mapa. Alcalalí. El campanario de una iglesia, calles vetustas, una mata de romero, unos campos sembrados, árboles en flor (almendros -los del turrón de Octavio-), agua y mucho verde. Casas blancas y casas de colores; campos, monte, árbol.

Alcalalí es el nombre del relato que he elegido de la recopilación de Juantxu Bohigues: Luna de Sangre. De mis dos preferidos, éste y La dama del agua resuenan en mi cabeza  sus palabras mágicas. «Alcalalí». «Parangiricuratimicanaro».

Alcalalí como relato -intuyo- biográfico y como grito-homenaje al lugar materno, podría significarse en representación del resto de relatos, llevando la voz cantante: madre, rabia, amor-odio, venganza, desnudez, adolescencia, niñez, descubrimiento, estupor, entrepierna, tierra, tripas, rosamari, pascualita, marcial, vicent, naranjo, ruina, derrumbe.

Por las sombras y luces autobiográficas, por las coincidencias de lo vivido y soñado en una España profunda y misteriosa: tan cruel como ingenua, tan luminosa como cabrona en sus sombras y traiciones. Por las cartas robadas que no llegaron a destino, por el amor prohibido que un día… pero nunca más volverá a ser. Por la felicidad chamuscada, por la sensualidad del verano, por los aromas del romero y de las hierbas provenzales, por los paseos en adolescente procacidad y por las caderas que montan y las cinturas que se agarran. Sobre una moto: piedras y polvo. Por lo íntimo de lo vivido y de lo contado que forma parte de un imaginario perdido; y los campos y la brisa y los corrillos y las señales y los disimulos y los sonrojos, y los reojos.

Alcalalí! Y el amor se hizo carne. Alcalalí! Y la palabra se hizo piedra. Alcalalí! Y la infancia se hizo hombre.

La dama del agua

La dama del agua, donde Juan encarna en Assiri su amor por Lavapiés y por el Madrid castizo. Un bello relato con un bello comienzo. Por la sencillez con que te va llevando por las calles, por la frescura con la que describe las emociones. Por la palabra mágica.

Y, unas veces más rápido, otras más despacio, la lectura te lleva de la mano por los veranos de la adolescencia y por una niñez ingenua, precoz y desolada; por un Madrid castizo y plagado de lecturas, de tapas y portadas, páginas, cantos y lomos. Para seguir camino aparecen otros relatos como Un libro, descarnadamente honesto, y Las horas, donde se desgrana una rutina difícil de esquivar, marcada por las horas y la luz que las dibuja; Five corners, otro canto al Madrid de Chamberí y malasañero, con los ojos deslumbrados y enamorados de un valencià muy castizo que explica cómo se consigue el Sucarraet en otro de sus relatos que lleva por título el mismo nombre. Entre otros viajes.

La lectura de Luna de sangre es un recorrido por una biografía y por un territorio muy concretos, que se dejan oir y tocar, ver y oler. Y, cómo no, saborear. Un camino lleno de verano a punto de terminar y de flores de naranjo enterradas en las cunetas.

(Gracias, Juantxu.)

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