“La mujer abolida”: Urge volver a la sed

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La mujer abolida, de Vicente Gutiérrez Escudero. El Desvelo Ediciones, 2017.

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Las vigilantes de los océanos
acarician el techo de cristal,
buscan el hilo de las estrellas que desaparecen
.”

(…)
“Ella lava las estrellas y los horizontes,
renueva cada mañana las llamas del sol,
revela los colores de las sirenas ocultas en el aire
y se adentra en el mar para fluir”.

(…)
Fluidas, dúctiles y aéreas
La amante abolida

Vicente Gutiérrez Escudero

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La noche que me leí del tirón casi todas las páginas de La mujer abolida, de Vicente Gutiérrez Escudero, esa noche, soñé. Esa noche soñé una amalgama de capas de vida superpuestas. Soñé con un ex.novio de los 15 y con sus padres, pero ya teníamos más de 40. Soñé con (no) hacer el amor, soñé con un ¿amor? aburrido de sofá, con una madre-de-ex.novio que me regalaba diminutas figuras de cristal. Como pequeños pájaros congelados, transparentes, blancos y azules, como esos bichos invertebrados, transparentes, de columna e intestinos impúdicos. Tintineantes figuritas de cristal. Las sostenía en la mano, mirando cómo se transparentaba la carne en lo cóncavo y me preguntaba, ¿Cómo sabe que las colecciono? ¿Sabrá que las cojo de la basura o del suelo, cuando ya nadie las quiere?”.

La noche que me leí del tirón casi todas las páginas de La mujer abolida, esa noche soñé. Esa noche soñé y no me desperté a la hora. Confundiendo sueño y vigilia. Esa noche-mañana seguía sumergida en el sopor, en la vida otra, colocando en la palma de mi mano derecha unas figuritas de cristal y preguntándome cómo podía haber caído en eso otra vez. Reviviendo la sensación de un amor agónico de absurdos presentes, amor por repetición, amor-por-repetición. Por repetición y sin sobresaltos, donde lo esperado resurge una y otra vez, una y otra vez, en una ausencia constante de imaginación. Donde el deseo muere, las preguntas callan y la sumisión y resignación permanecen, en la cercenadura social de la celebración carnal del deseo.

La lectura de La mujer abolida, aparte de un sueño agónico de sofá, que juzgo ya exorcizado, me ha traído de vuelta al hoy. En comparación con el hace cuatro años, en comparación con el hace… ¿treinta años? Y es que precisamente hace cerca de cuatro años que este libro fue presentado en Madrid. De dicha presentación tenía grabadas las imágenes tetudas de la proyección, junto con un sentimiento de rechazo. Instalada en la negación y la repugnancia de lo que ya somos, de lo que podemos llegar a ser. Si aquel día de 2017 me sentí ya manoseada, traspasada, penetrada, vapuleada, asqueada, lo suficientemente como para no querer más de eso que allí se me mostraba, hoy, en 2021, sin embargo: me sorprendo.

Reconociéndome: carne al peso sobre mármol

Me sorprendo reconociéndome en las páginas del libro, protagonista y secundaria, víctima y verdugo. Reconociéndome en los pedazos de carne al peso en el expositor, en el mostrador de mármol, en la cámara donde se guardan los cadáveres. Me reconozco en los vapores del sueño y en la desidia, en los amantes sucesivos, en la repetición, en el antiguo deseo de encarnar a esa mujer fatal, en la sorpresa de reconocer que ya lo hice, la encarné. Ya fui carne. Me reconozco y deseo profundizar en qué es lo que ahora me hace sentirme tan cerca de este libro, fuertemente erótico, fuertemente visceral, violento, despojado, fuertemente político. Y en su impúdica muestra de la crueldad, fuertemente bello. Belleza lacerante, y peligrosa, la de ese amor que duele.

Reconociéndome, siento que puedo estar en ese lado masculino del amor, siento que sí, he estado en ese lado, y, sin embargo, siento fuertemente mi condición femenina de mujer, y todos los mandatos sobre mí; y los conceptos casposos que nos diferencian y nos quieren diferenciar más y más, delante de mí, nada sólidos. Estamos mucho más cerca de lo que nos creemos. ¿Me siento identificada, como parte intercambiable, con el yo que escribe? Intercambiable, quiero decir, cuando la estructura se compone de dos, los dos géneros pretendidamente opuestos, inmóviles y estancos: hombre y mujer.

¿Puedo yo estar realmente a ese otro lado del ser mujer? ¿Tengo delirios de víctima o delirios de verdugo? Yo, con mis sentimientos, emociones, pensamientos… ¿podría acaso hipotéticamente ser un hombre? Y, a todo esto, el género como excusa para mejor ejercer la opresión no me interesa, así, pues, adopto la frase que saca toda conversación a un punto final cuando ya ha llegado a punto muerto: el género no existe. Pero ahora no me sirve en esta conversación que mantengo conmigo misma. Me identifico con el género “femenino”, y me identifico con la defensa de los cuerpos de las mujeres, sean estas quienes sean y vengan de donde vengan y hayan nacido donde y como hayan nacido. Aparece ahora este libro y siento complicidad al estar comprendiendo en casi todo momento al yo masculino. Aun repeliéndome, doliéndome las más incisivas, y causándome algún regocijo otras… el hecho de ver ahí reflejada tanta crueldad absurda, sufrimiento, pasión y delirio, como una especie de “Día de la marmota” amoroso: comprendo en mis carnes las situaciones que allí se relatan. Quizá por haber formado tanto tiempo parte de ellas. Esas estructuras del pretendido amor romántico “y para siempre” que nos anclan a las dos partes, sea cual sea el género o la orientación sexual, a “pasar por aros” que ya luego lamentamos. Desde la entraña, aún, subyace un lugar teórico.

Esa agresión de necesitarse. No es un libro inocente.

Me lleva al mismo punto. No es un libro inocente. No es un libro desde el cual se pueda disimular o confundir una posición. Es un libro que toma posición y que no lo oculta. Mira de frente. Mira de frente y toma posición junto al erotismo, el deseo, la mitología del amor verdadero, frente al que no lo es, el amor carnal frente al amor convencional, la potencia del deseo erótico frente a la potencia del dinero y el capital, o en connivencia con este. Contra la programación social robótica para un amor que ya nace desvencijado; en la advertencia del fin del deseo, del cinismo a pecho descubierto; encarando la denuncia de lo preciso de una nueva lucha, de la necesidad de construir ¡ya! con urgencia: a partir del deseo. La honestidad del relato desde un yo masculino en que se toman pedazos de carne de la amada para construir con ellos otros paisajes. Y sin apenas pudor. En los que está presente, junto a la llama del amor: el hielo.

Y me digo, cómo puede haber pasado tanto tiempo este libro, de lectura para mí reveladora, en una estantería de Eleutheria, pudiendo haber estado a los pies de mi cama, en mis manos, o sobre mis piernas, como ahora cuando lo estoy leyendo.

Y, entonces, vuelvo a sus páginas y releo:

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ACAECER CUERPO

(…)

De ese modo, incapaces de amor,
…….condenados al ostracismo anti-carnal
…….nos exiliamos en puticlubes y discotecas,
en speed-datings y pubs liberales
o en individualidades desperdigadas
…….expulsadas
…….exfiltradas,
…….segregadas de sí mismas.

Os digo dónde están: en el sofá,
arrinconadas en el trastero,
en el jacuzzi del hotel de lujo,
en la piscina de aquel crucero por el Nilo
o en el último trozo de pizza
…….que acabamos tirando a la basura,

Acaecer-cuerpo es también
no ceder a la extorsión de las acciones éticas

pues toda disciplina
que media entre los cuerpos se ha etizado;

…….siempre, al mirar a los ojos cerrados de la amada
…….uno descubre que ha sido programado
…….para la activación caritativa;

…….un compromiso ético egoísta
…….…….exclusivo
………….y personal
que precede toda sexualidad
se activa ante la esposa
…….ante la novia
…….ante la amante.

La manera en que llegamos
por ejemplo
a palparnos
cuando acaricio tu espalda;
esta, a su vez, me toca
de modo que la percibo como una presión
que hace distraerme del resto
de los participantes de la orgía,

…….pues en toda privacidad
…….el devenir político que somos
…….se advierte desterrado de los cuerpos.

Lo suplanta
una argamasa moral
…….que encubre e infantiliza,
una ética de proximidad
…….en la que nadie se hace cargo de nadie
…….y que nos hace desvincularnos los unos de los otros

puesto que se ama
para ampararse
en otro.

Siempre
en el amor
…….un cuento de hadas
…….bien narrado
siempre
…….esa angustia por hacerse depender del otro,
…….esa agresión de necesitarse,
esa empatía auxiliadora
…….que oscila entre la admiración y la pena,


siempre
esa voluntad e intervención,
de corregir

…….puesto que los valores éticos
…….siempre
…….remiten a códigos normativos

…….puesto que en la cama
…….cuando nos colocamos a su lado para amarla,
…….en el fondo,
…….la estamos ayudando
…….y, ella, a su vez nos compadece y ayuda,
…….y nos ama
…….por encima de todo.

Y así
una ética
sustentada en la exclusividad
y en el favoritismo
toma cuerpo.

(…)

Misteriosa y redonda, como luna y noche

Una semana antes de empezar a leer el libro, antes de recogerlo, encontré por las redes el vídeo de la presentación, y quise rememorarla y ver si, tal vez, podía encontrar alguna pista. Así que lo vi y lo escuché entero, atentamente. Hablaba Esther Ramón de cómo le había resultado de difícil digestión su lectura, por lo que tuvo que ir aplazando la escritura del prólogo. Y me asombro porque me reconozco por aquel entonces llena de pudores, los mismos que me impidieron ir a sus páginas. Recuerdo que aquel día me impactó la imagen proyectada de la mujer abolida dibujada por Leticia Vera, que aún me impacta. Es negra y cálida, misteriosa y redonda, como puedan serlo una luna y una noche juntas.

Exclamaciones, dolor, asombro, reconocimiento, risa, regocijo. Posibles caminos de vuelta a algunos pasajes. Reverbera en mí su lectura, mente y estómago rebosantes de imágenes, ahítos de información. Hay que dejar reposar este libro al menos una noche. Para volver con ganas a la mujer de agua, a la mujer de hielo, a la mujer de lluvia. Viento, fuego. Invisible, amante efímera, ¿amada ilusoria? Mujer abolida, mujer-objeto, orgía efímera. Desencanto, vapor del sueño, bruma y deseo. Apariencias y condiciones; el enamorado sucesivo, las pestañas postizas y el tarzán-de-la-selva en pleno alarido. La lucha fundacional, la búsqueda, el delirio, el cuerpo, el deseo feroz, y la esperanza. Volver a un espacio como el del camarote de los Hermanos Marx, al que van llegando invitados, como enamorados sucesivos, que no saben ya cómo salir, o quizá es que en realidad no quieran escapar de allí, y prefieran aquel roce, aquella promiscuidad asfixiante, la confusión. Aquellas mujeres todas que surgen de repente y trepan la piel y miran por encima de los cuerpos.

El camarote de los amantes

Y, siguiendo el hilo de los enamorados sucesivos y de las exnovias que continúan vivas… Recuerdo la expresión de un deseo de Berta García Faet en La edad de merecer (La Bella Varsovia): algún día, reunir a todos sus amantes en una misma habitación, donde, quizá, pueda recordar a algunos aún por su nombre. Pero habría sido capaz de reunirlos a todos porque , de una u otra forma, los recordaba físicamente, o, al menos sus rostros, y, una vez allí, seguramente, sus cuerpos. Los cuerpos presentes, aún vivos, dormidos o despiertos, de La mujer abolida, ¿Se recuerdan los unos a los otros? ¿Se atraen magnéticamente? ¿Se repelen alguna vez? ¿Se dicen la verdad? ¿Hay verdad en los cuerpos? Y el pensamiento del camarote de los amantes de Berta García Faet me lleva, saltando, a un recuerdo. Confusión, hoy cómica y reveladora, que asaltaba a la que yo era con 10 años. Comenzaba a ser consciente de la muerte y su existencia me obsesionaba. Intentando abarcar ese concepto abstracto, que se había concretado en la muerte de mis abuelos, luchaba contra la asimilación de la finitud. Y, entre tanto, llegaba a mis oídos un dogma que aseguraba la existencia de un más allá en el que todos nos reuniríamos algún día. En este punto, mi existencial duda pasaba por preguntarme cuál de entre todos los chicos que me gustaban, y de los sucesivos, sería mi novio oficial, el de verdad, en ese más allá.

“Una nueva micropolítica del deseo”

Como un exorcismo, así es como se puede leer este libro, descendiendo a los lodos: “Enlodarnos, beber del charco.” ” Asumiendo colectivamente el riesgo de morir/ atreviéndonos a fornicar en la cornisa/ hacernos a la mar/hacernos el amor en el incendio”. Y plantar cara a la devastación, al asco, al vómito, al cuerpo despedazado, para reconstruirlo y poseerlo de nuevo. El cuerpo, desposeído, el imaginario, iluminado, aunque sea, por el momento, en las brumas del sueño. Porque una lectura que ya ha comenzado es una travesía que nunca termina, o así al menos el poso que la palabra deja, introduciéndose en nuestros sueños y alterando la percepción de la vigilia, si es que acaso podemos ya diferenciar entre la bruma del sueño y la niebla de la vigilia. Como un exorcismo tras el cual la mano sale de la herida y de la entraña, teñida en sangre, y solo en el momento de beber la sangre que se nos derrama por el cuerpo, ese desangrarnos y alimentarnos de nuestro propio fluido nos reconcilia con lo que somos, lo que podemos llegar a ser. Un ritual de despedazamiento que, paradójicamente, puede servir para recoger los restos del naufragio, y encontrar en el barro la pasta que une los trozos y el material salado que nos reconstruye.

“Hacer del cuerpo la orgía combatiente que era en nuestra infancia”.
Urge volver a la fuente del deseo. Urge volver a la sed.

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Es urgente
amar como quien se suicida,
incendiarse en la materia incomprensible de otros cuerpos,
dignificarse en la vulnerable materia de los cuerpos,
reconquistar las fraternales,
……frágiles,
……minúsculas caricias

de los cuerpos
en que se funda la esperanza de otro mundo.

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ACAECER-CUERPO

Entrevistando a la poeta Carmen Crespo

Imagen: Carmen crespo.

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Mujer- fuerza, mujer-tierra, mujer-poeta. Son muchos sus dones.

Los que viene a ofrecernos en esta entrevista son el de la belleza y la palabra. Gracias, Carmen, por tu palabra, tu presencia y tu amistad. ❤

En este enlace puedes escuchar la entrevista.

Voy a presentaros a nuestra invitada. Carmen Crespo. Sanitaria, escritora, extremeña.

Galardonada con el XXXI Premio Nacional de Poesía José Hierro, que concede anualmente la Universidad Popular José Hierro de San Sebastián de los Reyes, por su poemario ‘En sí ni un solo momento’.

Carmen Crespo tiene títulos como:

Tal vez huésped, ganador de la II Premio de poesía Bal Hotel 2012, y publicado por Devenir.

De música y otras pieles, Ed. Polibea, 2014.

Todo ardió luminoso. Teselas, ganador del XIII – Décimo tercer Certamen Internacional de Poesía César Simón, Denes, 2016, y traducido al inglés por la editorial Publisher Aquillrelle.

Pájaros, caballos, Gabriel Viñals, 2017.

Lana (Trea, 2019).

Amante de las plaquettes publicó la plaquette Puro hueco en colaboración con el artista gráfico Manuel Ayllón. A ella también le gusta destacar la publicación de su plaquette de título: Cuerpo o el corazón del mundo todavía con Sol y Sombra, la editorial de Alba Pascual y Noé Ortega, en 2013.

Ha participado, entre otras, en las antologías:

Voces Nuevas, XXV edición, Poemáticas naturales, Voces del desierto, 20 miradas en página 72, Versos, versus, virus. Y ha publicado poemas en las revistas “Cuadernos del matemático”, “El coloquio de los perros”, Fogal”, “21veintúnversos”, “Revista Iberoamericana”, en la mexicana “Dislexia” y en “La Ignorancia”. Es miembro activo y forma parte del consejo de redacción de la revista digital de poesía conVersos.

Quiero ser una maniquí disfrazada de novia

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MACABEA, LA PROTAGONISTA DE “A HORA DA ESTRELA”, IMITA ANTE UN ESCAPARATE EL MOVIMIENTO DE LOS BRAZOS DE UNA MANIQUÍ VESTIDA DE NOVIA.
A HORA DA ESTRELA” (LA HORA DE LA ESTRELLA) ES UNA PELÍCULA DE SUZANNA AMARAL, DE 1985,
BASADA EN EL LIBRO DE CLARICE LISPECTOR CON EL MISMO TÍTULO.

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Me siento rara. La sensación de una presencia constante que no se va de mi lado. Como si alguien estuviera aquí, pero que, en realidad, no está. Como una presencia fantasma. Que me acompaña pero que me agobia a un tiempo. El caso es que me he hecho amiga de mi banco en algún sueño pero, nada, que no recuerdo cómo fue. Si placentero y doloroso, o si ni fu ni fa, indoloro, o si con gritos, chantajes y promesas, o algo normal, sin más que rascar. Igual fue por pura conveniencia. Igual resulta que pactamos una convivencia cómoda, ya que estamos unidos por una cuenta corriente. No sé si llegaríamos a firmar algo que nos comprometa, así, en serio. Pero lo que sí está claro es que estamos juntos en esto. ¿Que cómo me he dado cuenta? (No sé si llamarlo amistad. O romance. O… quizá… seamos amigos con roce). ¿Que por qué pienso ahora en esto de nuestra amistad? Bueno, lo sé. Lo noto. Eso se siente y no se puede explicar. Verás. Lo sé, y se me confirma ahora que me escribe mensajes cariñosos. Me dice “Feliz verbena de San Juan”. Me felicitó el cumpleaños. Lleva un tiempo que me invita a charlas que dice no me puedo perder. Sabe lo que me gusta. Me llama por mi nombre, me escribe mensajes todas las semanas. Con emoticonos, esas caritas que se sonrojan, sonríen y abrazan. Sí, se nota que piensa en mí todos los días. Como un reloj, nunca falla. Me lanza mensajes de ánimo. Al principio no sabía que necesitase ser animada, jaleada. Pero ahora me gusta. Me protege, me enseña, me acompaña. Por ejemplo, me cuenta cosas como qué es el “pishing”, siempre tiene una recomendación generosa, especial, para mí. Me tranquiliza encontrarme sus palabras en el correo. Igual podamos forjar algo juntos ante ese enemigo incierto, pero común. Toda esa gente ahí fuera intentando quedarse con algo nuestro, tratando de robarnos el alma, quedarse con nuestro dinero. Estoy contenta. Aún no me ha dicho “Te quiero”, pero creo que no tardará. Es cuestión de tiempo. El tiempo todo lo cura, el tiempo hace milagros. El tiempo hace borrón y cuenta nueva. El tiempo incluso enseña a amar. El tiempo todo lo perdona. Uy, ¿he dicho “amar”? Creo que me estoy enamorando. Estoy empezando a conjugar el verbo amar. No sabía que estaba tan pillada. Creí que podría hacerme la que no se da por aludida. Mantener a raya mi curiosidad, mi obsesión por saber más, por saberlo todo, por ser la misma cosa, el mismo cuerpo. Aunque, bueno, me ha saltado un poco la alarma porque siento esta amistad, o romance, un pelín paternalista, y me pregunto si no será de estas que se aprovecha, quizá sea una amistad de esas un poco oportunista, aprovechada. Sabiendo las cosas que sabe de mí. Teniéndome siempre localizada con su App. Conociendo mis movimientos, registrando algo tan íntimo como mis números rojos, mis desvaríos consumistas, mis recurrentes pagos con PayPal. Mis debilidades más materiales. Y, bueno, sobre todo, otra cosa que me escama un poco es que en realidad no nos hemos visto nunca. Cara a cara. Es todo virtual. Puede que, a la hora de la verdad, no funcione. Imagínate que se me acerca y no se me eriza la piel ni me entra calor, ese calor que sube por las piernas, de abajo a arriba, que se inicia en el fuego mismo del centro mismo del cuerpo: el sexo. Que me recuerda a ese calor en las piernas cuando coloco el portátil para entrar en la cuenta. Ese calor. No sé si debo conservar ese calor. Ese ruido del ventilador que es como una respiración fuerte en mi oreja. Que me recuerda, sí, la respiración excitada de un hombre que ocupa toda la estancia cuando la escucho. Y ¿si renuncio a esto, si decido que quizá sea mejor dejarlo así? Darlo por perdido antes de poner otra vez las cosas sobre la mesa y desvirtualizarlo todo. Si lo hago… Igual pierdo ese calor. Y ese sonido. En mi oreja. Y si lo pierdo todo… los mensajes, la compañía, los consejos, el que me llamen señora de. Debo conservar el apellido, y el calor. Sobre todo el calor.

northern lights: aquí, estas luces

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Aún no os he contado por aquí que tenemos nueva plaquette. El camino hasta aquí ha sido un proceso muy pausado, muy nutritivo, y que empezó hace ya un año, en pleno encierro. Una vez más la palabra se entrelaza con música ambient. Esta vez la colaboración ha sido con el “generador de ruido” Tomás Flórez, con quien he vivido un bonito proceso de intercambio creativo.

El resultado ha sido un pequeño libro de poemas o “plaquette”, con enlace a una pieza sonora creada por Flórez. El libro está inspirado en dicha pieza, que ya existía cuando escribí los poemas a partir de una escucha pausada y continua del tema. Fruto de la escucha, en un arrebato de varios días, intervine un libro mediante color y tachado, y de ahí extraje las palabras que podéis leer en la plaquette.

Escuchar & leer estas luces

Os dejo estos dos enlaces para las joyitas: escuchar/descargar/comprar la joya EP -álbum- y la joya plaquette.

En bandcamp se puede escuchar el álbum, donde además se puede adquirir y descargar, y con él te descargas la plaquette en formato digital.

https://tomasflorez.bandcamp.com/

En este enlace de esta página puedes escuchar y leer los poemas, y puedes encargar la plaquette en papel, lo cual te dará acceso a descargarte el EP después en bandcamp.

northern lights

Gracias 🙌🏽✨💚🌱

“¡Eco, ecoo!”. Y la cueva responde: ¡Nos vamos al carajo!

No hace mucho descubrí el concepto de ecología acústica. Que no tiene nada de nuevo, viene ya de las investigaciones y publicaciones en los setenta de R. Murray Schaffer. Yo estaba naciendo al mundo.

No está mal empezar por escuchar lo que sucede más allá del ombligo humano. Se puede enfocar y mirar desde diferentes lugares, y la conclusión es la misma: nos vamos al carajo.

Antes de irnos definitivamente al carajo podemos hacer algo para que la agonía sea un poco menos agonía, un poco más sostenida en lo colectivo. Antes de quedarnos sin recursos podríamos hacer cuentas, pruebas, planificaciones. Podríamos adelantarnos a este colapso que vendrá, que ya está viniendo.

No está mal empezar por escuchar lo que sucede más allá del ombligo humano. Se puede enfocar y mirar desde diferentes lugares, y la conclusión es la misma: nos vamos al carajo

Podemos hasta hacer una bonita banda sonora para acompañar las letras de final de la peli, ese “The End” de cuando éramos peques y aún el mundo tenía recorrido y solo estábamos empezando a cagarla. Aún no nos habíamos cargado a un sinfín de especies. Claro, para eso teníamos a Félix Rodríguez de la Fuente sobrevolando guaridas y vigilando movimientos, igual que ahora nos vigilan a nosotras, aunque esos ya saben que nos vamos a extinguir. O poco les importa.

Pues eso, que no estaría de más escuchar, quitarnos las manos de los ojos, y abrir bien las orejas: que en nuestra superioridad humana, en nuestra ambición, en nuestra infantilidad: resulta que queremos seguir acumulando, y tener más, y poseerlo todo: crecer, crecer, crecer, pero materialmente. Seguir engañándonos. Creyendo que dominamos sobre el resto de seres, que alguna vez lo hicimos. Creímos que la Tierra era nuestra… Oh, desastre.
Vamos a escuchar lo que tiene que decirnos, lo que ya nos dice a gritos, el planeta, con el descenso energético, la deforestación, el calentamiento global, la escasez de energías derivadas del petróleo, la incapacidad de las energías renovables de sustituir a las otras…

Vamos a descubrir qué hay, que es lo que no nos están contando. Y, mientras tanto, vamos a seguir creyendo en la vida, que aún se manifiesta.


Vamos a descubrir qué hay, que es lo que no nos están contando. Estando sordos nos protegemos de conocer la inutilidad y la gravedad de lo que nuestras cotidianidades aportan y destruyen. Esto me lo digo a mí: qué consumo, qué ansío, qué estoy sustituyendo, qué estoy comprometiendo con mi actitud, con mis acciones. Cómo como, cómo visto, cómo me transporto de un lugar al otro. Qué contamino. Qué destruyo Qué aporto.

Y, mientras tanto, vamos a seguir creyendo en la vida, que aún se manifiesta. En lo colectivo, en el juego, en los sonidos, en la música, en la palabra, en la celebración del amor, en la creación, en la escucha; esto es, la poesía.

Y, mientras tanto, vamos a seguir creyendo en la vida, que aún se manifiesta. En lo colectivo, en el juego, en los sonidos, en la música, en la palabra, en la celebración del amor, en la creación, en la escucha; esto es, la poesía.

Hay que ponerle cuerpo, hay que dejar que suceda

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Me pregunto sobre la relación con mi cuerpo, me hago preguntas, hago preguntas a mi cuerpo. La mente fulmina. Tiene respuestas para todo. El cuerpo: a veces se mueve y otras se queda estático. Intento responderlas poniendo el cuerpo en acción, como si la cosa no fuera conmigo, pero sintiendo ese querer-estar-en-mi-cuerpo y todo bien. Y cuando llega el momento de bajar a tierra todas las teorías, la idea luminosa, que parecía sostenerse sobre una estructura, pero resulta que no está, se diluye: aparece la mente y da sus instrucciones: quédate ahí, no te muevas, no seas ridículo, tú eres más mente que cuerpo, desde cuándo sales ahí a hacer el qué.

Ni siquiera los pensamientos aparecen en forma de palabras claras, pero hay una instrucción debajo que está diciendo: para, no te muevas, ¿a dónde vas? mejor quédate escribiendo, tú tienes todas tus teorías en la cabeza, para qué sacarlas ahora, ¿cómo piensas materializarlo?, ¿qué piensas que vas a crear a estas alturas?, ¿qué puedes tú contar con tu cuerpo? Tu lugar es la palabra, quédate en el terreno que dominas, es tarde para pasarte a otro lugar de juego. Y me empeño, y sigo queriendo pasar la frontera de lo escrito a lo material, y ni siquiera puedo plasmar por escrito lo que quiero materializar, decir ya con el cuerpo, es como si hubiera una desconexión entre lo que aparece en mi mente con lo que mi cuerpo indaga y pide. Lo que mi cuerpo desea y no se atreve, lo que mi cuerpo grita y no se concede.

–Prés-ta-me a-ten-ción.

Hay un comienzo de diálogo, en voz muy baja, en el que parece que mi cuerpo, sus movimientos, y mi mente, y sus pensamientos, empiezan a entenderse, en el que parece que ya hay un espacio común, y entra la emoción, y lo hace en plural: emociones, que han aprendido a abrirse paso entre tanta palabra. Y se manifiestan tímidamente. Y quedamos expectantes, preguntándonos cual será el resultado. Y hay, al menos, otras dos preguntas: ¿a dónde quieres llegar? ¿de qué estás huyendo? Y surge la tercera: ¿qué te ha traído hasta aquí? Quizá, simplemente, se trata de dejar que el cuerpo las vaya respondiendo, poco a poco, dándole su espacio, concediéndole su lugar, dándole permiso para que exprese sus respuestas.

Intuición, tacto, piel, barrera, mente, mente, mente. Carne y hueso. Separación. Confusión. Pero mi cuerpo no cede. Quiere ser el centro, quiere por fin tomar su poder. Y me veo desde fuera, y me siento neutral, como si la lucha no fuera conmigo y digo: adelante, esto es un juego, es un camino, hay que ponerle cuerpo, hay que dejar que suceda.

Entrevistando a Martha Zein, narradora, creadora de La mar de abrazos

Martha Zein, narradora, creadora de La mar de abrazos, navegando por la costa griega, julio 2016.
IMAGEN: De Emorlans – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0

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Martha Zein, un ser que ha ido nutriendo con nácar las orillas de la herida, y nos lo entrega en forma de palabras: preciosas por su valor, también por su belleza. Un disfrute recibir a esta mujer-equilibrista en Fuera de Orden.

Puedes escuchar la entrevista con Martha Zein en este enlace

“Somos seres relatantes”. “Para mí, narrar es un bien común como el agua o el aire que respiramos. El lenguaje es un bien común y no debería estar en manos de especialistas”. “La delicadeza es una toma de consciencia”.

Escuchar, aprender a escuchar.

A partir del minuto 30 podéis escuchar a Martha Zein hablar sobre creación, delicadeza, “ecohabitar” el planeta, respirar, embarcar… Sobre mirar al cielo y preguntarnos ¿qué tiempo hace? Gracias, Martha por este pequeño momento luminoso. …

Y hemos aprovechado para poner un par de temas de “Horizontes”, álbum 1 del colectivo de artistas colombiano Fuerzas Sónicas Unidas, reunido en pro de la defensa de los derechos humanos en Colombia. Donarán el 100 por 100 de los ingresos por sus ventas “a diferentes agentes y comunidades vulneradas y en necesidad durante el Paro Nacional”. Se les puede encontrar aquí: https://ffssuu.bandcamp.com/album/horizontes-vol-1 …

Y yo descubrí a FF.SS:UU. gracias a este canal: http://www.audiotalaia.net/p/audiotalaia-extra.html … … (En la 1ª parte del programa, Fuera de Orden, la compañera homeajea la figura de Margarita Nelken). .. IMAGEN: De Emorlans – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=79647496

Entrevistando a María Escobar Prieto, fundadora de Mery Dörp

Me da mucha alegría compartiros el resultado de mi entrevista a María Escobar Prieto, actriz, bailarina, creadora, y docente, en Fuera de Orden, programa que celebramos todos los miércoles de 20 a 21h.

Puedes ir a la escucha de la entrevista con María Escobar en este enlace.

María es una de esas mujeres maravilla, mujer-arrojo, con la que no se puede estar sin aprender de ella según la tratas, según la escuchas, según la miras. Con su compañía Mery Dörp estrenó el 21 de enero Tempo” en el Teatro Pradillo de Madrid, una pieza escénica que recorre a ritmo lento la esencia del transitar la vida, el camino, sus orillas. Con el espacio sonoro creado por Erissoma (David Mata) y el diseño de luces por Sergio Ex, Tempo continuó su andadura por la sala Cuarta Pared de Madrid, y deseamos que haya muchas más puestas en escena.

La conversación está entretejida con extractos de diferentes espacios sonoros creados por David Mata.

Gracias a estas redes que se van tejiendo nos hemos encontrado, y no puedo estar más contenta por ello. ¡Gracias, María! A partir del minuto 34 podéis escucharnos.

(En la primera parte, Chus Gutiérrez charla sobre su universo vital y profesional con Maryse Capdepuy).

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