Mujeres de mi país

Abril nos dio
el gesto y la palabra
habla de nosotras
por dentro de la raíz

Mujeres
quebramos las grandes barricadas
diciendo: igualdad a quien oírnos quiso

Y así continuamos
dadas de la mano


El pueblo somos:
mujeres de mi país.

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Mujeres de abril, Maria Teresa Horta, 1977.
Antologia poética, Circulo de Leitores, 1994.

traducción: aurora feijoo.

Ausencia(s). III.

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Volver a los mismos lugares.
Confiar en la brújula interna.
Otra vez los paisajes.
En la repetición, el ritmo.
La calma, el asidero.

Volver. Volver al paisaje para evitar la desidia.
Volver a los lugares como simulacro de pertenencia.

Escribir: hablar con la nada.
Y el silencio como respuesta.

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(Diarios. Noviembre de 2020)..

Ausencia(s). II.

La peor ausencia es la de una misma. Lo que te hace ir al fondo, desconociéndote. La peor ausencia es la de una misma. Desconocerte. Y buscas, buscas, y buscas fuera, sin encontrarte. Esa es la peor ausencia, la que más vacía te deja.

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Ser una, saberte. Escribir, leer, traducir. Caminar. Hacia donde puedas llegar. Con tus propios pies.

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(Reflexiones en torno a un tema: la ausencia. Intemperie. Noviembre 2020).

Ausencia(s)

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“El terror de la ausencia
supera al dolor de la propia ausencia”.

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Terror a sentir nada. Terror al vacío. Terror a, un día, no existir. Intentar imaginar cómo puede ser no ser. No respirar. No ser, aquí, un cuerpo. Paralizada en la cama, no puedo dormir. La muerte no existe en cuanto no la pueda experimentar sabiendo que estoy, no muriendo, sino que ya no estoy existiendo.

Lloro de angustia en la cama. Me pregunto obsesivamente a dónde van a parar los recuerdos, si es que los recuerdos van a parar a algún sitio. Si es que siguen existiendo sin nosotras. ¿Siguen los recuerdos al cuerpo, se van con él?

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Tenía la manía de apuntar cada cosa, cada hora. Sus diarios eran una locura de fechas con los días, las horas y los minutos exactos de cada fragmento de vida que allí dejaba. Así, creía que el recuerdo permanecería, que nunca se iría. Hace poco, escribía: “Quiero conservar este recuerdo. Aunque quiero no tener que conservarlo, porque se renovará con otro. Eso significaría que sigo construyendo presente y se van enlazando unos con otros, los recuerdos, como algo vivo. No como un testimonio agónico, no para recrear con nostalgia, no para traer al presente aquella sensación o aquel día o aquella persona. Todo ello estará vivo, e irá generando su propio presente, en llamas.”

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La ausencia. El pasado. Ya es ausencia. Según escribo me separo de lo anterior, y la palabra fluye y es río que lleva, es un río que me lleva y me hace bordear la ausencia. La palabra llena el vacío, la oquedad. Oquedad de hueco, herida, agujero, negrura. Como un pozo.

La palabra trae presencia frente a la ausencia. Coloca, llama, coge por los hombros, endereza, enfoca. Es cueva. Lugar seguro donde arde el fuego que yo misma prendí.

En esta presencia: palabra, fuego, sed. Y agua que calma la sed.

Terror, la ausencia. Terror a no saber qué hacer con todos los recuerdos. Terror a estar llena de pasado. De amantes, lugares, abrazos, tequieros, paseos, madrugadas, sábanas, suelos, sillones y cuartos de baño. Llena de casas de otros por dentro. Terror a vaciar mi casa de los recuerdos.

Soy toda ausencias. No soy más que una suma de todas las ausencias. De ellas me conformo. No soy más que un gran vacío que se llena con palabras, libros, voces, músicas, iconos de wasap, besos, nostalgias. No soy más que una suma de todas las ausencias.

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(Reflexiones en torno a un tema: la ausencia. Intemperie. Noviembre de 2020).

Anotaciones en los márgenes

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Repaso el último cuaderno, que comienza el 3 de noviembre, y voy haciendo anotaciones en los márgenes. Donde ponía: “Aún por descifrar”, anoto: “Descifrado”. Donde decía: “Deseo que…”, corrijo: “Ya no”. Anoto en algún margen: “¿Por qué no?”. También: ¿Por qué sí?”. Y en otros: “Ya pasó el momento”.

No hay nada como saberse despedir de lo que no. No hay nada como saber despedirse del futuro, no hay nada como saber despedirse del pasado.

Subrayar. Tachar. Comprender. Abrazar. Entender. Escuchar. Atender. Rescatar.

Pasar a limpio.

(Semilla).

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bosque indefinido es un álbum, bosque indefinido es una plaquette

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::: Ahora, una vez dado a luz *bosque indefinido*, lo mejor de todo están siendo vuestros comentarios y sensaciones :::

::: Contestando a algunas preguntas… os cuento, para leer despacio :::

*bosque indefinido* es:

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🖤 1 *una plaquette de poemas en formato papel*

::: en este correo: buscandoelbosqueenlaciudad@gmail.com te decimos qué tienes que hacer para recibirla. cada ejemplar de la plaquette va numerado y firmado por la autora :::

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🖤 2 *un álbum de música ambient en formato digital*

::: descargable en la plataforma bandcamp de 7MNSMusic.
sevenmoons.bandcamp.com :::

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🖤 3 *una plaquette digital descargable en el mismo enlace de bandcamp de 7MNS Music.

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🍀 bosque indefinido🍀 es también un bello trabajo de colaboración entre @erissomaa (david mata) y @desdemiterritorio (aurora feijoo).

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La plaquette está editada por @maedagua.es, que podéis seguir aquí en Instagram. Si os es más cómoda esa red, también podéis escribir ahí, a maedagua.es, para solicitar un ejemplar.

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::: Y, sobre todo: es un proyecto slow life. o despacito, si se prefiere :::

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Gracias por vuestra escucha, aportaciones, e interés. Os envío un abrazo grande. 

Quise vibrar con el toque de aquella piel de tambor inmensa

Ayer estuve viendo a Nilo Gallego, y, como todo lo que sucede este diciembre, sucedió y me transformó.

Pasé por momentos de estupor e impaciencia, cabreo e incredulidad, cansancio y bostezo, sonrisa y complicidad, sorpresa e iluminación. En la escucha. Agobio. Tensión. Empatía. Espera, mucha espera. Pero en ningún momento quise marcharme. Quería verlo hasta el final. Quería vibrar con el toque de aquella piel de tambor inmensa, mantenerme en aquella energía: había ido hasta allí a vibrar.

El movimiento, la coreografía de las manos en el espacio, el cuerpo entregado, las manos vibrando de un desplazamiento al otro como una sucesión de fotogramas, como una mano contínua aquí y allí al mismo tiempo, en el origen y en el final del movimiento, repetida. Una sucesión de dedos vibrantes, una expansión de la piel junto con la carne. Una rara energía oscilante.

El cuerpo. La presencia. La presencia del cuerpo, allí, vacilante. El sonido que llega, que casi llega, que está al llegar. La escucha. El gesto. El gesto del cuerpo. La inclinación, la curva, el retroceso. La arista, la esquina, el escondrijo. El tope, la espalda, el apoyo, el final. El golpe. Sordo. La huída. La puerta, rendija, espacio, aire, grieta.

La calle. Pasos, perros, cierre, moto, ruido, embrague, arranque, voces.

La energía mantenida con un solo cuerpo en comunicación con los otros cuerpos, expectantes. Avanzar, de puntillas, pasitos cortos, rodear, acariciar, golpear, mirar, tocar, rozar, levantar, insinuar, llegar, abortar. Calibrar. Retroceder. Avanzar. Soltar.

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Gracias a la amistad los momentos acontecen y desatan nudos con los que una llega, hilvanada de enredos.

Hablar sobre los días, el encierro, el silencio, el chirrido del metro, el claxon, la niña del chicle, lo cotidiano, la creación, los ciclos, los trabajos y los días, la improvisación, la palabra, la intención, el movimiento. El sonido, la música, lo corporal, las expectativas. Lo que pasa cuando te entregas y fluyes.

Todo esto es lo que nace.

Manantial.

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Nilo Gallego estuvo en Cruce el 10 de diciembre de 2020, invitado por Wade Mathews al ciclo ¡ESCUCHA!

Acabar, empezar. Luz, oscuridad. ¿Amor?

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“Lentas siguen las lunas a las lunas, como cede la luz, los días a los días, el párpado tenaz al mismo sueño. Vivir es fácil. Arduo sobrevivir a lo vivido.”

José Ángel Valente
No amanece el cantor

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El amor así, un poco arrugao, a ver si se recupera. Galletas con flechas y conjuros. Paquete con un corazón a punto de explotar y un tipo llamado Angelino. Imagino, la versión moderna de Cupido. Ruidos extraños a mi frente mientras escribo. Las luces han resbalado y reclaman su parte. Me levanto. Las enciendo. En mi casa hay lucecillas “de navidá” todo el año. Una manía como otra cualquiera, la luz y sus reflejos ayudan a ver las estancias con otros matices. La luz ayuda a ver con otra mirada aquellos lugares a los que alcanza.

Acabar el año empezando puede ser una buena cosa. Acabar lo que se empieza, lo es. Acabar el año empezando, según lo que se empiece. Por mi parte empiezo a terminar. O sea, ir dando la puntada final a cosas que no, y a cosas que sí, también. Las lunas van cambiando, de luz a oscuridad, de lleno a vacío, de creciente a menguante, y se acerca el momento de la recogida final, de la celebración, la despedida; del cambio de luna, de nueva etapa, de balance, de mirar hacia atrás, de ver qué sembraste, de escuchar el deseo. De valorar dónde poner las fuerzas, el tiempo, la dedicación. Y descubrir así mismo de dónde recuperarás energía y de dónde saldrás. A dónde entrar, de dónde salir. Por dónde transitar. Qué puertas abres, qué puertas cierras. Barrer la casa de dentro hacia fuera,  quemar inciensos, prender velas. Airear los espacios. Dejar que la tierra tierra sea, dejar que el viento haga su parte, y sople lo que se desprendió, lo que ya no sirve. Que el agua limpie, que el fuego purifique. Que el tiempo fluya, y tú con él.
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El único camino de regreso es hacia una misma


N WIN Fru

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He terminado “Fruta prohibida”. Cuando me quedo sin Jeanette Winterson me siento huérfana. Últimamente me siento huérfana a menudo. Como ella, de A a la Z, leyó uno tras otro todos los libros de literatura británica de la biblioteca de Lancashire, yo, uno tras otro, leo los libros del estante “N – WIN – loquesea” de la Rafael Alberti. Cuando acabe, tengo pensado seguir el rastro por otros estantes en otras bibliotecas. Y, mientras tanto, paso páginas, tratando de vislumbrar. Carcajada. Lágrima. Pregunta.

Qué hago exactamente aquí. Algunas cosas: voy intuyendo. Otras: nada. Como los días de lluvia: el limpiaparabrisas se mueve frenético, pero sigues sin ver nada más que bultos acuosos en movimiento al otro lado del cristal.

No importa el tiempo que gaste en tratar de dilucidar. Cada vez hay menos certezas, quiero decir: nunca las hubo.

Pienso a dónde puedo ir si todo sale mal. “Si todo sale mal”. ¿Qué quiere decir “si todo sale mal”? Pienso que cuando todo salió mal dejé mi casa, y fui de sitio en sitio hasta regresar. Luego, Portugal. Y volví con palabras nuevas que me hablaban al oído, un corazón envuelto en papel de estraza, en reconstrucción, una ciudad amada en las entrañas. Una luz en la retina. Y, ahora, ¿ahora, a dónde podría huir si todo se derrumba de nuevo? El único camino de regreso es hacia una misma, me digo una y otra vez.

Cuando estés preparada para contemplar lo que sea que ha de serte mostrado, podrás verlo. Mientras tanto, hay que seguir. Seguir. Confiar en las intenciones. Seguir el rastro de migas que me dejé a mí misma, hoy, aquí, o quizá, en alguna otra existencia que ahora recuerdo fugazmente en imágenes, en sueños, en destellos que duran segundos y no dejan ver con nitidez.
Solo quiero pertenecer, me digo.
Viajar al centro de mí misma, me digo, como único camino.


Como quien viaja al centro de una estrella, como quien es la estrella misma, como quien arde en el fuego, purificándose, en un ritual constante, infinito, eterno.

Mientras, ahí, el afuera arde. Lento, muy lento.

Elegía

Orfeo y Eurídice en los infiernos, 1652. Óleo sobre lienzo. FRIS, PIETER. ©Museo Nacional del Prado.

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Aprende

A no esperarte pues no te encontrarás

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En el instante de decir sí al destino

Indecisa paraste muda

Y los océanos después despacio te rodearon

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A eso llamaste Orfeo Eurídice –

Incesante intensa la lira vibraba al lado

Del desfilar real de tus días

Nunca se distingue bien lo vivido de lo no vivido

El encuentro del fracaso–

Quién se acuerda del fino escurrir de la arena en el reloj

Cuando se alza el canto

Por eso la memoria sedienta quiere venir a flor de agua

En busca de la parte que no diste

En el ronco instante de la noche más callada

O en el secreto jardín a la orilla del río

En junio

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Sophia de Mello Breyner Andresen, Musa, 1994.

Obra Poética, Assírio & Alvim, 2015.

Traducción: Aurora Feijoo
@desdemiterritorio

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