Entrevistando a Mireia Salazar Campoy, directora de “Ancestras”

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Ancestras en El Umbral de Primavera el 24 de abril de 2021

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Por aquí os comparto la primera entrevista de una serie de mujeres maravilla con las que estoy teniendo la suerte de poder conversar, y que irán pasando por nuestro programa Fuera de Orden.

Pinchando en este enlace puedes escuchar la entrevista en ivoox.

En esta ocasión he tenido el gusto de invitar y entrevistar a Mireia Salazar Campoy, creadora, educadora y artista escénica, directora de “Ancestras”, recientemente estrenada.

“Ancestras” es una pieza estrenada en 2021 en El Umbral de Primavera (Lavapiés, Madrid) y que cuenta con la presencia en escena de Fátima Cué Pérez, Eli Zapata y Esperanza García-Maroto, y detrás del escenario reúne una ficha artística compuesta enteramente por profesionales mujeres. El ambiente sonoro está creado por otra mujer maravilla, Raquel Martínez, que suele presentarse como “la mitad” de Atthis y que ha dado vida al -bello- espacio sonoro.

A partir del minuto 31 podéis escuchar la entrevista, que quedó muy chula.

¡Gracias, Mireia! ❤🙌✨

(En la primera mitad del programa, Maryse Capdepuy charla animadamente con Philippe Dieuzaide sobre Bertrand Tavernier).

Ficha técnica de Ancestras:
Actrices: Fátima Cué; Eli Zapata y Esperanza García-Maroto
Escenografía: Valeria Fieschi
Diseño sonoro: Raquel Martínez
Iluminación: Jaione Azkona
Poemas de: Marta Mar
Dirección: Mireia Salazar Campoy
Ayudante de dirección: Paula Cueto
Coproducción: Calatea

Naturescape #1, por Tomás Flórez

Río Casaño, Arenas de Cabrales (Asturias, España)

Music – Tomás Flórez . Voice – Aurora Feijoo .
Video and audio recorded and edited by Tomás Flórez.
Audio mixed and mastered by Álvaro Delgado at Room 603

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Tiene todo el sentido hacer cosas bellas ante este capitalismo feroz, que avanza mientras consumimos, consumiendo(nos) y que nos va comiendo a dentelladas. Para mí, tiene todo el sentido. Mirar la belleza que hay en la tierra, el árbol, el musgo. Lo que es, lo que está, lo invisible que se teje entre todos los seres vivos que tienen la fuerza para sobrevivirnos. La suerte de sobrevivir, aún, a nuestra… depredación.

Cosas bellas que en el sentido productivo no sirven para nada.

Porque… ¿para qué sirven la música, la palabra?

Ahí estamos, generando belleza, una vez más; belleza que no es sino el reflejo de la mirada. Mirada atenta, con todo el cuerpo, y escucha, también desde el cuerpo, todo oreja. El agua que corre, los pájaros que nos despiertan, la rama que crece, el árbol que sostiene, la raíz que acoge.

Estamos aquí por casualidad, como llegamos nos iremos. Mientras tanto, que la tierra nos sea propicia. Y que la música y la palabra nos acompañen, hechas cuerpo.

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el hilo de la vida es de color rojo

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Hay hilos que dibujan, como jugando, ¿hilos de vida? En realidad es el hilo que siempre digo, voy a guardarlo, que me recuerda a mi niñez, y a esas cosas extraordinarias que a veces entraban en nuestra despensa. Y, sí, el hilo de la vida es así, circular, redondo, dibujando caminos que no hay quien entienda, incluso aparecen algunas simetrías, patrones, como arabesco en azulejo. El hilo de la vida es de color rojo. Y se dibuja a sí mismo y se entrelaza, y se hilvana y se rompe y se descose y se zurce.


Ayer me acosté tarde. Dejé todo tal cual. No di el último vistazo. Sonando quedó una música en el aire, toda la noche, y esta mañana al entrar en el salón, escuchaba… Creo que la casa ha quedado impregnada de algo vivo, que hoy se respira desde todos los rincones.

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Ser madre

Hoy sería un buen día para escribir sobre nuestras ancestras. Aunque la palabra no exista en los cánones. Precisamente por eso. ¿Hace cuánto que hablamos de “ancestras” mis amigas y yo? Y… ¿por qué no existe una palabra tan rica, tan primordial en nuestro presente, que viene directa a traernos información sobre nuestro pasado? Allí, en el origen, está todo.

Hoy, día de la madre en algunos lugares. Yo, que siempre he sido hija. Y, siendo hija, o yendo a ser esa niña, recuerdo. Recuerdo mirar y tocar con devoción las manos de mi madre. Esos dedos perfectos de uñas largas, esas manos suaves. Quise tener unas manos así de mayor. Se parecen. Pienso ahora en los nudillos torcidos. Recuerdo también cuando mi madre me dejaba planchar algún paño. Sentir el tacto de la tela de algodón bajo la plancha, y el olor a tela caliente, el vapor, y ese ritual del que ya casi nunca he vuelto a disfrutar. Hace mucho que dejé de planchar la ropa. No tengo ni oficina ni marido ni religión que así me lo exijan. Recuerdo también ir juntas a clases de cerámica. Todo señoras, y yo. Y otra niña, a veces, que quizá, hoy, ya sea madre.

Ser madre

Ese tema que cumplidos los 40 empieza a apretar y a volarte la cabeza. Las hormonas terminan por acorralarte. La presión social y la presión hacia una misma que de ahí se alimenta te amenazan cada día. Amenazan con trastornarte. Y entonces juegas a la última carta. Y tragas lo que sea con tal de no quedarte “sola”. Y parece que lo intentes todo. Ves pasar las oportunidades como espigas volando en agosto, como molinillos de viento. Todo en el aire, etéreo, no hay quien lo atrape. En realidad no es lo que tú quisiste. No era lo que tú querías. Pero tu biología te aprieta, te arrincona, te tensa. Miras alrededor, donde solo ves matrimonios perfectos, familias, parejas bien avenidas, descendencia. Quizá tu descendencia deba ser otra, te dices. Quizá hayas venido aquí a hacer otra cosa, y eso, tú, hace mucho ya que lo intuías. Desde muy temprano lo supiste.

Ahora, cuando yo misma me asombro viendo que me acerco más a los 50 que a los 40, los tiempos son otros. Ya no hay prisa. Habiendo temido envejecer irreversiblemente durante el encierro, me veo con todo el tiempo del mundo. Para celebrar los vínculos, establecer alianzas, generar el espacio que dé lugar al proceso, que es lo que enriquece, y transitar el camino.

Y aunque a veces la piel grita, ahora siento que: el tiempo está a mi favor.

abençoada. 12 de março de 2021.

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.Me siento. Respiro. La tierra. Madera. Pino.

Lo que ocurre es más importante que las palabras.

Dejarme ser.

Sentirme.

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abençoada.

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o espaço da palavra como uma planície aberta, imensa, erma, onde a marca da pena que cai no chão desenha uma linha leve de esperança na terra onde reposa.

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e ali no sulco será onde a água cresça a semente.

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14 de marzo de 2021. Buscar, crear, compartir la belleza.

Unos siguen en pie, otros, yacen en el suelo. Madrid, marzo de 2021.

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Hace un año, elegía un trozo de verde cerca de casa, de vuelta de la compra, bajo un abeto enorme, junto a las primeras margaritas de la (casi) primavera. El encierro estaba a punto de empezar.

Últimamente lloro mucho. Junto con las lágrimas, información que sale de las profundidades, muy valiosa para continuar; comprender y seguir; intuir y seguir.

Elegir. Elegir con quién. Los lugares y los vínculos.

Crear el lugar en el quiero estar. Y habitarlo. Crear el lugar en el que quiero estar y habitarlo.

Cada vez las conversaciones se vuelven lo más importante de mis días. Pero las de verdad. En las que se escucha una voz al otro lado. En las que yo también soy la voz que se escucha al otro lado. En las que estoy para el otro, y el otro está para mí. Conversar. Un acto de escucha. Decir, parar, escuchar. Responder. Preguntar. Sonreír.

Y la presencia como acto milagroso que, cuando sucede, el corazón se alegra.

Desactivar perfiles, desinstalar programas, aplicaciones. Dejar espacio. Crearlo. Simplificar. Cada vez más la virtualidad me saca de donde quiero estar. En mí. En mi gente querida. En las personas que puedo abarcar de una vez. Las personas a las que puedo llegar y atender con calidad. Con cierta profundidad y atención.


Y, mientras ejerzo el cuidado: estar en mí. En mi escribir. En mis lecturas. En traducir.
En buscar, crear y compartir la belleza. O en intentarlo, al menos.

Ahí es donde quiero estar.

Escenas ante un muro callejero

In the Mood for Love – Deseando amar. Cartel en los cines Renoir de Madrid, enero de 2021.

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Muchas de las escenas más importantes de #IntheMoodforLove suceden ante un muro callejero.

Mientras la lluvia cae, torrencial, y se derrama el agua por la pared, chorreando en regueros por el asfalto, que fluye en riachuelos que se van entrecruzando, ella roza, muy levemente, con su mano el brazo de él; cruzan miradas rápidas, insinúan alguna palabra.

Mientras el agua cae, limpia, arrastra, empapa, ellos arden y se consumen por dentro en emociones contenidas, en encuentros fortuitos, en acciones pospuestas. Torrente frente a quietud, espera frente a paisaje arrasado.

La soledad como punto de partida. El cuerpo, el roce, las escaleras y un callejón, escenario y metáfora. Dos cuerpos, dos almas, dos miradas que se cruzan. Dos vidas.

“Nosotros no somos como ellos”. La construcción social, la envidia, el control, la mirada ajena, el qué dirán. El dolor. La libertad. La culpa. Una mujer sola, de noche. La doble moral.

Vencer el deseo. Acompañarlo. Dejar que fluya, como la lluvia ahí fuera, que ya nos está empapando.

#WongKarWei

(2 de enero de 2021)

Esa otra que no era yo

Estos días atrás me venía una sensación extraña, sentía algo así como que estaba “perdiendo la palabra”, que no estaba siendo capaz de expresar tanto como estaba viviendo y con tanta intensidad.

Las palabras no llegaban. Cuando las invocaba, queriendo saber qué tenía por dentro, para sacarlo, desaparecían, flotaban. Alejándose como un globo, se hacían pequeñitas. O quizá la que me hacía pequeña era yo. Extendía mi mano y estiraba el brazo, intentando atraparlas, pero… nada. Había menguado, como Alicia. Como el increíble hombre menguante, todo se me hacía grande y extraño, como pasear entre cerillas y bordear la caja, nada preocupantes a escala humana, pero, para mi ser menguante, cerillas como troncos, como gigantes ocupando un espacio donde una gota de agua puede ser un mar bravío imposible de atravesar.

Y ahora la sensación de que esto que escribo lo escribo yo, pero que lo escribe otra. Como si no fuera la misma. Como si esta yo que escribe es una otra diferente a la anterior que yo era antes. Como que no me reconozco del todo en mis palabras. Como si me hubieran cambiado por otra, por dentro.

Y no es que vaya a desaparecer de un momento a otro por el sumidero de una pila de cocina como si me absorbiera un tsunami. La sensación es que he cambiado de tiempo-espacio. El tsunami ya me ha atrapado en su girar. Las coordenadas ya son otras. No hay peligro, simplemente hay otro paisaje ahí fuera, y yo lo transito, sin saber muy bien qué viene lo próximo.

Entonces, la otra que era antes, esa era la que no era yo. Ahora soy yo, la que soy, la que era al principio, siendo yo, ya por fin, otra vez.

Desconocer- reconocer.

No hay lugar para la grieta si no es abriendo el ser a lo que llega.

La vida (re) sonando se abre hueco en los resquicios.

Como brizna de hierba creciendo en el asfalto.

Sobre lo íntimo de la escritura

Os presento Fuera de Orden del 3 de febrero, el programa de radio en el que colaboro en los contenidos, principalmente con traducciones de escritores portugueses, y fundamentalmente de poesía portuguesa, sobre todo de autoría femenina.

En esta sesión, en la primera parte, doy voz a António Lobo Antunes (Lisboa, 1942), Florbela Espanca (Vila Viçosa, 1894-Matosinhos, 1930), y Adília Lopes (Lisboa, 1960), en ese orden, que nos hablan sobre lo íntimo y complejo de la escritura, en la que ponen todo el cuerpo al servicio de la palabra.

He aprovechado para que suenen fantásticos temas.
Del último álbum de LÅANG, lanzado el 15 de enero de 2021: el primer tema de su álbum “LÅANG III”, de nombre: “III”.); de Kara Lis Coverdale (tema “A476”, del álbum “A480”), de Harold Budd y Brian Enno (tema: “The Plateaux of Mirror”, del álbum homónimo) y de Brian Eno (“Shadow”, álbum “Ambient 4: On Land”.).

Y aprovecho también para dar las gracias a Tomás Flórez, porque estos temas en concreto los voy conociendo gracias a las conversaciones y al generoso intercambio de información que ahí surge.

Espero que disfrutéis con la propuesta. Y… que el sonido haga justicia a la música que suena. 🙏
(En la segunda parte del programa, la compañera habla sobre Nanni Moretti.).

Aquí podéis escuchar el programa.

29 de enero de 2021

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Hoy me han confundido con una turista en mi propia ciudad. No quiero volver a casa porque no sé cuándo volveré a salir. Llevo dando vueltas un buen rato, evitando entrar en una boca de metro. Los pasos me han ido llevando hasta Sol. Allí, en una especie de baño de gente, de luces, de vida, he visto la plaza muy vacía para lo que ha acostumbrado a ser. Aun así, hay gente y llevan bolsas. La Casa del Libro, de un súper, de tiendas de ropa, envoltorio de dulces…

Por mi parte, llevo una bolsa de esas blanca de plástico con 1 kg de aceitunas dentro. Últimamente, cada vez que compro algo que me gusta, se me va la mano, pues siento que quizá la próxima vez ya no pueda salir a la calle. Es algo que no pienso en ese momento, pero me sale solo, en forma de impulso. Es  como una sensación de que el mundo fuera a a acabarse de un momento a otro y todo lo que puedo hacer para remediar el desastre es comprar absurdamente un kilo de aceitunas.

Es  como una sensación de que el mundo fuera a a acabarse de un momento a otro y todo lo que puedo hacer para remediar el desastre es comprar absurdamente un kilo de aceitunas.


Y me he ido al km cero y me he hecho una foto. Otra sensación que me ronda estos días, y, desde esta mañana, muy poderosamente, la siento en el cuerpo, es que esto es un nuevo comenzar.

Y me he ido al km cero y me he hecho una foto. Otra sensación que me ronda estos días, y, desde esta mañana, muy poderosamente, la siento en el cuerpo, es que esto es un nuevo comenzar.

Un tipo se me ha acercado y ha intentado darme conversación. Le he mirado por encima de la mascarilla y he mascullado algo, lo ha vuelto a intentar, he vuelto a mascullar, y se ha alejado. Me encanta hablar con la gente por la calle, pero con la que a mí me apetece, no con el típico tío que ve sola a una mujer e intenta sacar provecho. Qué pesado.

Hoy ya he tenido mi dosis de charla con desconocidos y me lo he pasado bien. Una chica se ha caído con la bici y se ha dado un buen golpe, dando una vuelta sobre sí misma. Un hombre ha llamado a una ambulancia y yo he ido allí a ver si podía ayudar, y me he quedado con la chica hasta que ha venido el samur. Mientras, allí, departiendo con los primeros que se acercaron, y dándole conversación, colocándola el abrigo para que no cogiera frío. Seguramente se haya roto la clavícula. La hemos dejado en la ambulancia, y me ha dado antes su número para que la escriba porque decía que quería agradecerme y que me “iba a amar eternamente”. Solo la he dado conversación. También he posado mi mano sobre su espalda. Tenía acento italiano. Puede que la escriba.

Demasiadas aventuras por hoy, un día cualquiera. Últimamente, cada vez que salgo a la calle pienso que va a ser la última.

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