Entrevistando a Lurdes Martínez acerca de Primavera sombría y Unica Zürn

El 23 de junio fue el último programa de la temporada de Fuera de Orden.

Un gustazo conversar con Lourdes Martínez* acerca de algunos aspectos de la obra y vida de Unica Zürn, a propósito de la reciente publicación de Primavera Sombría por Pepitas de Calabaza, y que fue presentado en Enclave de Libros el 17 de junio.

Sobre el adentramiento de Unica Zürn niña en lo profundo del abismo, sobre el deseo y el erotismo, presentes de una forma arrasadora en Primavera Sombría. El automatismo; lo revelador del juego, lo iniciático… Como adelanto a nuestra charla durante la primera parte del programa.

Aquí en este enlace puedes escuchar la entrevista

En la primera parte del programa, 20 y pocos minutos dedicados a esta maravilla, exquisitamente prologada por Lurdes Martínez, y a su autora: Unica Zürn.
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* Lurdes Martínez es licenciada en Geografía e Historia y profesora de educación secundaria, miembro del Grupo Surrealista de Madrid desde 1992 y coeditora de su revista Salamandra. Ha publicado Saqueadores de espuma. La ciudad y sus grietas (Ediciones El Salmón, 2020), sobre el espacio en la ciudad posindustrial y las posibilidades de la vivencia poética para subvertir su acondicionamiento. Y las plaquetas de poemas Detrás del invierno, La huella termita y Los inspirados del borde del mar, editados por La Bella Cristalera, Sol y Sombra poesía, y El ojo de buey, respectivamente 2010, 2012, 2016. Participando en los ensayos colectivos Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo (Traficantes de sueños, 2006), Lo que duerme. Presentimientos sobre lo imaginario (Diputación de Pontevedra, 2007), Imágenes del conflicto I y II. Cine, política, deseo (Enclave de Libros, 2011 y 2012), Crisis de la exterioridad. Crítica del encierro industrial y elogio de las afueras (Enclave de Libros, 2013), y en el libro colectivo de poesía Clavar limas en la tierra (La Torre Magnética, 2017).
Le interesa el análisis crítico de los mecanismos del espectáculo, la investigación del inconsciente colectivo y la experimentación, reflexión y registro fotográfico y poético de lo maravilloso en la vida cotidiana. Siente una atracción colosal por lo ruinoso y su potencial insurgente. Ama el hallazgo.

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Algunas de estas publicaciones las podéis encontrar en la librería amiga Eleutheria de Madrid: Abades 8, Lavapiés, (metro Tirso de Molina o La Latina).

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Primavera Sombría, de Unica Zürn, editado por Pepitas de Calabaza: traducido del alemán por Alba Lacaba Herrero, traducción revisada por Raquel Vicedo, y prologado por Lurdes Martínez. La edición es de marzo de 2021 y se ha presentado en Madrid el 17 de junio en Enclave de Libros.

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Es urgente el amor

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Cocinar. Necesidad de centrar mirada y enfocar el tiempo, alimentar el cuerpo con el tacto y las texturas, con el color y la mirada. Oler, tocar, saborear. Utilizar las manos, concentrar la mente, saber que de ahi, de la búsqueda en la nevera y en la imaginación, saldrá algo único que durará unos instantes.

Partir un fruto, trocear de forma geométrica, recreándose el pulso, alcanzando un equilibrio estético sobre la tabla. Luego vendrá el desorden en la promiscuidad y calor del caldero.

El color, la forma, el chac-chac del cuchillo, la disposición sobre la tabla. El sonido del verano por la ventana: las hojas del árbol entrechocando suenan un poco como el mar, un mar de hojas verdes, de ramas que este año no podaron; alguna ventaja tendría que tener este caos pandémico, este desborde emocional, estas soledades conjugadas con el interrogante, la certeza de que el desastre-ya-está-aquí, del miedo, la vigilancia, el pasmo, lo necrótico de la vida llegada a un punto muerto.

Las chicharras siguen su canto insistente, encaramadas al mar de hojas; las chicharras navegantes de veranos frotan sus patas, ajenas al mar; las olas se levantan a quilómetros y prometen una nueva tempestad que todo lo arrasa. Fundaremos el mundo otra vez. El mar será ciudad. Y quedarán las hojas flotando y las chicharras navegarán las olas e instauraremos un nuevo orden en el que ellas reinarán y serán las jueces de todas las competiciones.

No hará falta enterrar a los muertos. La sal se encargará de hacer su parte. Y las chicharras, entre cántico y cántico, decidirán cómo hacer. Con los muertos, con los vivos. Seguirán cantando sobre el mar mientras nosotros, humanos vencidos en la tierra seca, nos repetiremos sedientos, como un mantra:

“Es urgente el amor”.

“La mujer abolida”: todas las Evas

. La mujer abolida, dibujada por Leticia Vera para el libro de poemas del mismo nombre

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“Sentada aquí, sigo sin tener respuesta. Elijo las palabras, las voy ordenando. Ese acto encierra la esperanza de que permanezcan, de que no se trata de un esfuerzo inútil.

“Hay que dejar constancia.
Los acontecimientos siguen a los acontecimientos como la vida sigue a la vida.”

Hace ya un tiempo que me senté a dejar constancia escrita de este testimonio, no recuerdo cuánto. Han sido días de profunda soledad porque así se afrontan las vidas tras vidas por las que una ha transitado.

El Evangelio según María Magdalena,
Cristina Fallarás

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Vuelvo a este libro, vuelvo a escribir sobre él. Regreso a interrogarme a este lugar donde huele a sexo, a fluido confundido con el olor del mar, donde la putrefacción de la carne se mezcla con la tierra para dar su fruto para dar su flor. Olor a sangre que sale de la herida. Donde pisas las limaduras del hierro de los instrumentos de tortura y se te clavan en las plantas con cierto goce. Y el sudor en la sábana. El sudor ácido en lo cóncavo. La piel y el esparto de la soga. Saliva-flujo-roce-dedo-hueco-lengua-semen-agujero, piel-agua-sueño. Noche. Grieta. Peligro. Juego.


Había colocado una notita amarilla avisando de las páginas vírgenes, pero escribí sobre La Mujer abolida obviando 40 páginas, aquellas donde las mujeres no míticas hacían su aparición en “Los harenes feroces”. Donde “(…) todas ellas forman un remolino alrededor de mi cama”, “todas ellas se comportan como anti-deidades similares a la mujer que hay en el viento a veces”.,

“Todas nadan en una pecera gigantesca,
todas ellas anteriores a la cibernética,
anteriores a la tecnología
y a la documentación histórica
pero también anteriores al viento primigenio.”

Y llego al museo de las Evas, así lo he denominado, donde me encuentro una enumeración de mujeres y fechas, una enumeración patriarcal de fechas de pertenencia, de fechas de caducidad, de ¿valor de uso? ¿de mercancía? Y entonces encuentro en un simple poema esa gran gesta, ese “Uomini mei” de Alda Merini que, cada cierto tiempo, me imagino escribiendo: Se me dispara la imaginación y me recreo en el hombre caballo de cuerpo atlético y piel de seda, el hombre mestizo de cuerpo comestible dulce como chocolate, el hombre rana de los saltitos en la cama, el hombre mosquito, por insignificante, el hombre-buitre, el hombre-abrazo, el hombre-pelo, el hombre-padre, el hombre-amigo, el hombre-agua, el hombre-huracán, el hombre-mar-verano-beso, el hombre-arena…

Y el no-mito y la amada no mítica requieren ahora mi atención y olvido a las vanesas y aracelis y dejo atrás la disección. Y pienso en las amantes y en los amantes que (no) querrán ver sus nombres en antologías del derrumbe, en antologías del sexo, en antologías del desastre amoroso, de la pasión; de la devastación y la carne. Y me adentro.

“Tumbado
dentro del remolino antimítico
me adentro
primero en el no-relato de la ensoñación
donde ella y yo y sus símbolos somos entes sin tiempo,
……ella y él somos el eco de unos disparos,
……ella y ella somos ramas que escapan de una vitrina,
somos todas las cosas a la vez

……un letargo a-histórico,
……un punto inenarrable,
……un paréntesis sísmico,

esclusa tras la cual nos adentramos
poco a poco
en la discursividad del sueño


…………..en el que
……cada noche
……una amada de fuego es cocinada.

……Esta noche de nuevo,
……brota un horno en mi sien,

……de su boca escapa una cometa
…………pacífica
…………ridícula,
…………legendaria.

Se trata de una emergencia. (…)”

Y pienso en este mercado. Y pienso en la imposibilidad de volver a la ingenuidad de la mente y acabo por decretar la ingenuidad de las pieles y de la carne y de los cuerpos, que sabios y resabiados, encuentran un punto primigenio de placer en el que soñar que (se) es primero. El primer dolor, la primera punzada, el primer estremecimiento. Entretanto, la mente se disuelve en otros mares.

Intuí que con este libro me precipitaría, acercándome al abismo. Acelerando las páginas, lo releo. Luego, miro de reojo la portada en la alfombra, en la mesa, en la cama, sobre la encimera, en la acera, es como un recorrido necesario para seguir pensándome, para seguir pensándonos, y seguir reflexionando mientras voy dejando atrás esto mismo que leo, escribo, recuerdo y exorcizo. Hay momentos en que me apetece mucho reír, y río. Otros, me elevo, cierro los ojos, recreo. Hay otros que son como una bofetada, siento el impacto del golpe en el propio cuerpo. Tengo que seguir con estas 40 páginas. Me encuentro con “Vuelen o no”, ¿contestando? o sobrevolando a Oliverio Girondo, el que no perdona a las mujeres que no sepan volar.

“Si no aman para convulsionar el mundo de la mercancía
……[de forma permanente,
si al copular no se comprometen con la destrucción del
……[orden social burgués,
-hasta el momento de la quiebra del yo-
pierden el tiempo conmigo.”

(…)

“si no aman hasta la desesperación,
hasta la ilegalidad,
hasta el asesinato
-hasta el momento de la quiebra del yo-
pierden el tiempo conmigo.”

Me encuentro con “Él iba arañando esa piedra y excavando”. “(…) Caerse dentro/Quedarse allí durante dos minutos.” “Mirada clavada en al certeza de su cuerpo”.

Me detengo en “Semejantes a arder” que, junto con “Acaecer-cuerpo”, y “Ella prellega”, quizá se una a mis poemas preferidos hasta ahora, a los que un poco más a delante se les suma “Extraerse”. Ir al encuentro de los cuerpos, nada más que cuerpos, aunque ir “contra cualquier tentativa de reconocimiento” pueda ser, también, huir.

Y “La lluvia adentro” y “El ministro nocturno”:

“Nos amamos por todas partes,/comprendemos el tiempo,/alrededor desplegamos la madrugada,/hablamos lenguas desconocidas,/nos convertimos en todas las cosas,/robamos todas las cosas,/aullamos sin darnos cuenta,/mientras la ropa va sumergiéndose,/nos robamos el ser en cada movimiento de hojas,/me masticas lentamente me tragas/lo haces despacio/hasta que yo eyaculo torpemente en la flor.”

Y “Dolmen número 7”, que hay que recorrer muy despacio.

“(…)
Y no solamente eso;
cierras los ojos,
tocando por todas partes formas que nos abandonan,
……primero la transparencia
……después las sustancias opuestas de la transparencia.”

“(…)
mientras nosotros
nos hundimos para distinguirnos mejor.”

(…)

“tu sexo al descubierto
donde el viento”

“Nos arañábamos
cerca de aquella frontera que nadie había atravesado nunca.
Crucémosla,
entremos en el río que se desdobla.
Volveremos a ser ese río que se desbordaba
para hacerle el amor a tu tobillo
mientras rozas mi espalda.
Contaré hasta cien.”

Y “Extraerse”, en el que hay también que detenerse, lentamente, leyendo al ritmo del amor. “dedo gemido”… “sorber decenas de milenios dentro”… “lamerse contagiarse” “turnos de habla/lanzar el dedo otra vez/perderse adentro de la boca/la rodilla mordida/como si nos acabáramos de conocer/muy atentos…”.

Y “convertidos los dos en lluvia”, comprender que “los dos” no es necesariamente, o nunca, un “nosotros”.

Por amor, o por patología.*

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*Extraerse.
La mujer abolida.
Vicente Gutiérrez Escudero.
El Desvelo Ediciones.

Inoculada (junio de 2020)

Yo ya estoy vacunada. Me he venido recién duchada, bragas limpias, tres libros, no, espera, cuatro, un cuaderno, lápiz y boli. El móvil cargado. Del susto ya salia de casa mareada. Ya está, no ha pasado nada. Ya está. Ya estoy inoculada, me han puesto la de los viejos. Me pesa el brazo, no me atrevo a levantarme de la flojera, ya vine con flojera, aquí nadie ha dicho que haya que estarse un rato más, pero yo me he quedado, todo el mundo se va, menos otras dos mujeres. Una habla por el móvil y a la vez intenta establecer contacto visual conmigo, pero no estoy nada social, no me apetece hablar con nadie. La otra mujer se ha ido al ver que la otra se levantaba. Solo falto yo. Bueno, faltamos, en realidad, mi hipocondria y yo. Me duele la mandíbula de la tensión y de la mascarilla que me tira de las orejas.

Ha llegado otro señor, que se queda un rato. Aquí nadie se hace fotos, es como un hospital de campaña, es un hospital de campaña, le llaman “la carpa blanca”. Solo se oyen ambulancias, el aire acondicionado y la chica que dice los nombres en alto para entregar los justificantes.

Muy en mi línea, al levantarme de la silla, me he tropezado y he hecho un movimiento de irme a caer, pero sin caerme, he pisado aparatosamente la cinta de la mochila. y el enfermero me ha preguntado, solícito y con cara de susto, que qué me pasaba, le he respondido, muy digna, y a través de la mascarilla, que nada, que no me pasaba nada.

“La mujer abolida”: Urge volver a la sed

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La mujer abolida, de Vicente Gutiérrez Escudero. El Desvelo Ediciones, 2017.

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Las vigilantes de los océanos
acarician el techo de cristal,
buscan el hilo de las estrellas que desaparecen
.”

(…)
“Ella lava las estrellas y los horizontes,
renueva cada mañana las llamas del sol,
revela los colores de las sirenas ocultas en el aire
y se adentra en el mar para fluir”.

(…)
Fluidas, dúctiles y aéreas
La amante abolida

Vicente Gutiérrez Escudero

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La noche que me leí del tirón casi todas las páginas de La mujer abolida, de Vicente Gutiérrez Escudero, esa noche, soñé. Esa noche soñé una amalgama de capas de vida superpuestas. Soñé con un ex.novio de los 15 y con sus padres, pero ya teníamos más de 40. Soñé con (no) hacer el amor, soñé con un ¿amor? aburrido de sofá, con una madre-de-ex.novio que me regalaba diminutas figuras de cristal. Como pequeños pájaros congelados, transparentes, blancos y azules, como esos bichos invertebrados, transparentes, de columna e intestinos impúdicos. Tintineantes figuritas de cristal. Las sostenía en la mano, mirando cómo se transparentaba la carne en lo cóncavo y me preguntaba, ¿Cómo sabe que las colecciono? ¿Sabrá que las cojo de la basura o del suelo, cuando ya nadie las quiere?”.

La noche que me leí del tirón casi todas las páginas de La mujer abolida, esa noche soñé. Esa noche soñé y no me desperté a la hora. Confundiendo sueño y vigilia. Esa noche-mañana seguía sumergida en el sopor, en la vida otra, colocando en la palma de mi mano derecha unas figuritas de cristal y preguntándome cómo podía haber caído en eso otra vez. Reviviendo la sensación de un amor agónico de absurdos presentes, amor por repetición, amor-por-repetición. Por repetición y sin sobresaltos, donde lo esperado resurge una y otra vez, una y otra vez, en una ausencia constante de imaginación. Donde el deseo muere, las preguntas callan y la sumisión y resignación permanecen, en la cercenadura social de la celebración carnal del deseo.

La lectura de La mujer abolida, aparte de un sueño agónico de sofá, que juzgo ya exorcizado, me ha traído de vuelta al hoy. En comparación con el hace cuatro años, en comparación con el hace… ¿treinta años? Y es que precisamente hace cerca de cuatro años que este libro fue presentado en Madrid. De dicha presentación tenía grabadas las imágenes tetudas de la proyección, junto con un sentimiento de rechazo. Instalada en la negación y la repugnancia de lo que ya somos, de lo que podemos llegar a ser. Si aquel día de 2017 me sentí ya manoseada, traspasada, penetrada, vapuleada, asqueada, lo suficientemente como para no querer más de eso que allí se me mostraba, hoy, en 2021, sin embargo: me sorprendo.

Reconociéndome: carne al peso sobre mármol

Me sorprendo reconociéndome en las páginas del libro, protagonista y secundaria, víctima y verdugo. Reconociéndome en los pedazos de carne al peso en el expositor, en el mostrador de mármol, en la cámara donde se guardan los cadáveres. Me reconozco en los vapores del sueño y en la desidia, en los amantes sucesivos, en la repetición, en el antiguo deseo de encarnar a esa mujer fatal, en la sorpresa de reconocer que ya lo hice, la encarné. Ya fui carne. Me reconozco y deseo profundizar en qué es lo que ahora me hace sentirme tan cerca de este libro, fuertemente erótico, fuertemente visceral, violento, despojado, fuertemente político. Y en su impúdica muestra de la crueldad, fuertemente bello. Belleza lacerante, y peligrosa, la de ese amor que duele.

Reconociéndome, siento que puedo estar en ese lado masculino del amor, siento que sí, he estado en ese lado, y, sin embargo, siento fuertemente mi condición femenina de mujer, y todos los mandatos sobre mí; y los conceptos casposos que nos diferencian y nos quieren diferenciar más y más, delante de mí, nada sólidos. Estamos mucho más cerca de lo que nos creemos. ¿Me siento identificada, como parte intercambiable, con el yo que escribe? Intercambiable, quiero decir, cuando la estructura se compone de dos, los dos géneros pretendidamente opuestos, inmóviles y estancos: hombre y mujer.

¿Puedo yo estar realmente a ese otro lado del ser mujer? ¿Tengo delirios de víctima o delirios de verdugo? Yo, con mis sentimientos, emociones, pensamientos… ¿podría acaso hipotéticamente ser un hombre? Y, a todo esto, el género como excusa para mejor ejercer la opresión no me interesa, así, pues, adopto la frase que saca toda conversación a un punto final cuando ya ha llegado a punto muerto: el género no existe. Pero ahora no me sirve en esta conversación que mantengo conmigo misma. Me identifico con el género “femenino”, y me identifico con la defensa de los cuerpos de las mujeres, sean estas quienes sean y vengan de donde vengan y hayan nacido donde y como hayan nacido. Aparece ahora este libro y siento complicidad al estar comprendiendo en casi todo momento al yo masculino. Aun repeliéndome, doliéndome las más incisivas, y causándome algún regocijo otras… el hecho de ver ahí reflejada tanta crueldad absurda, sufrimiento, pasión y delirio, como una especie de “Día de la marmota” amoroso: comprendo en mis carnes las situaciones que allí se relatan. Quizá por haber formado tanto tiempo parte de ellas. Esas estructuras del pretendido amor romántico “y para siempre” que nos anclan a las dos partes, sea cual sea el género o la orientación sexual, a “pasar por aros” que ya luego lamentamos. Desde la entraña, aún, subyace un lugar teórico.

Esa agresión de necesitarse. No es un libro inocente.

Me lleva al mismo punto. No es un libro inocente. No es un libro desde el cual se pueda disimular o confundir una posición. Es un libro que toma posición y que no lo oculta. Mira de frente. Mira de frente y toma posición junto al erotismo, el deseo, la mitología del amor verdadero, frente al que no lo es, el amor carnal frente al amor convencional, la potencia del deseo erótico frente a la potencia del dinero y el capital, o en connivencia con este. Contra la programación social robótica para un amor que ya nace desvencijado; en la advertencia del fin del deseo, del cinismo a pecho descubierto; encarando la denuncia de lo preciso de una nueva lucha, de la necesidad de construir ¡ya! con urgencia: a partir del deseo. La honestidad del relato desde un yo masculino en que se toman pedazos de carne de la amada para construir con ellos otros paisajes. Y sin apenas pudor. En los que está presente, junto a la llama del amor: el hielo.

Y me digo, cómo puede haber pasado tanto tiempo este libro, de lectura para mí reveladora, en una estantería de Eleutheria, pudiendo haber estado a los pies de mi cama, en mis manos, o sobre mis piernas, como ahora cuando lo estoy leyendo.

Y, entonces, vuelvo a sus páginas y releo:

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ACAECER CUERPO

(…)

De ese modo, incapaces de amor,
…….condenados al ostracismo anti-carnal
…….nos exiliamos en puticlubes y discotecas,
en speed-datings y pubs liberales
o en individualidades desperdigadas
…….expulsadas
…….exfiltradas,
…….segregadas de sí mismas.

Os digo dónde están: en el sofá,
arrinconadas en el trastero,
en el jacuzzi del hotel de lujo,
en la piscina de aquel crucero por el Nilo
o en el último trozo de pizza
…….que acabamos tirando a la basura,

Acaecer-cuerpo es también
no ceder a la extorsión de las acciones éticas

pues toda disciplina
que media entre los cuerpos se ha etizado;

…….siempre, al mirar a los ojos cerrados de la amada
…….uno descubre que ha sido programado
…….para la activación caritativa;

…….un compromiso ético egoísta
…….…….exclusivo
………….y personal
que precede toda sexualidad
se activa ante la esposa
…….ante la novia
…….ante la amante.

La manera en que llegamos
por ejemplo
a palparnos
cuando acaricio tu espalda;
esta, a su vez, me toca
de modo que la percibo como una presión
que hace distraerme del resto
de los participantes de la orgía,

…….pues en toda privacidad
…….el devenir político que somos
…….se advierte desterrado de los cuerpos.

Lo suplanta
una argamasa moral
…….que encubre e infantiliza,
una ética de proximidad
…….en la que nadie se hace cargo de nadie
…….y que nos hace desvincularnos los unos de los otros

puesto que se ama
para ampararse
en otro.

Siempre
en el amor
…….un cuento de hadas
…….bien narrado
siempre
…….esa angustia por hacerse depender del otro,
…….esa agresión de necesitarse,
esa empatía auxiliadora
…….que oscila entre la admiración y la pena,


siempre
esa voluntad e intervención,
de corregir

…….puesto que los valores éticos
…….siempre
…….remiten a códigos normativos

…….puesto que en la cama
…….cuando nos colocamos a su lado para amarla,
…….en el fondo,
…….la estamos ayudando
…….y, ella, a su vez nos compadece y ayuda,
…….y nos ama
…….por encima de todo.

Y así
una ética
sustentada en la exclusividad
y en el favoritismo
toma cuerpo.

(…)

Misteriosa y redonda, como luna y noche

Una semana antes de empezar a leer el libro, antes de recogerlo, encontré por las redes el vídeo de la presentación, y quise rememorarla y ver si, tal vez, podía encontrar alguna pista. Así que lo vi y lo escuché entero, atentamente. Hablaba Esther Ramón de cómo le había resultado de difícil digestión su lectura, por lo que tuvo que ir aplazando la escritura del prólogo. Y me asombro porque me reconozco por aquel entonces llena de pudores, los mismos que me impidieron ir a sus páginas. Recuerdo que aquel día me impactó la imagen proyectada de la mujer abolida dibujada por Leticia Vera, que aún me impacta. Es negra y cálida, misteriosa y redonda, como puedan serlo una luna y una noche juntas.

Exclamaciones, dolor, asombro, reconocimiento, risa, regocijo. Posibles caminos de vuelta a algunos pasajes. Reverbera en mí su lectura, mente y estómago rebosantes de imágenes, ahítos de información. Hay que dejar reposar este libro al menos una noche. Para volver con ganas a la mujer de agua, a la mujer de hielo, a la mujer de lluvia. Viento, fuego. Invisible, amante efímera, ¿amada ilusoria? Mujer abolida, mujer-objeto, orgía efímera. Desencanto, vapor del sueño, bruma y deseo. Apariencias y condiciones; el enamorado sucesivo, las pestañas postizas y el tarzán-de-la-selva en pleno alarido. La lucha fundacional, la búsqueda, el delirio, el cuerpo, el deseo feroz, y la esperanza. Volver a un espacio como el del camarote de los Hermanos Marx, al que van llegando invitados, como enamorados sucesivos, que no saben ya cómo salir, o quizá es que en realidad no quieran escapar de allí, y prefieran aquel roce, aquella promiscuidad asfixiante, la confusión. Aquellas mujeres todas que surgen de repente y trepan la piel y miran por encima de los cuerpos.

El camarote de los amantes

Y, siguiendo el hilo de los enamorados sucesivos y de las exnovias que continúan vivas… Recuerdo la expresión de un deseo de Berta García Faet en La edad de merecer (La Bella Varsovia): algún día, reunir a todos sus amantes en una misma habitación, donde, quizá, pueda recordar a algunos aún por su nombre. Pero habría sido capaz de reunirlos a todos porque , de una u otra forma, los recordaba físicamente, o, al menos sus rostros, y, una vez allí, seguramente, sus cuerpos. Los cuerpos presentes, aún vivos, dormidos o despiertos, de La mujer abolida, ¿Se recuerdan los unos a los otros? ¿Se atraen magnéticamente? ¿Se repelen alguna vez? ¿Se dicen la verdad? ¿Hay verdad en los cuerpos? Y el pensamiento del camarote de los amantes de Berta García Faet me lleva, saltando, a un recuerdo. Confusión, hoy cómica y reveladora, que asaltaba a la que yo era con 10 años. Comenzaba a ser consciente de la muerte y su existencia me obsesionaba. Intentando abarcar ese concepto abstracto, que se había concretado en la muerte de mis abuelos, luchaba contra la asimilación de la finitud. Y, entre tanto, llegaba a mis oídos un dogma que aseguraba la existencia de un más allá en el que todos nos reuniríamos algún día. En este punto, mi existencial duda pasaba por preguntarme cuál de entre todos los chicos que me gustaban, y de los sucesivos, sería mi novio oficial, el de verdad, en ese más allá.

“Una nueva micropolítica del deseo”

Como un exorcismo, así es como se puede leer este libro, descendiendo a los lodos: “Enlodarnos, beber del charco.” ” Asumiendo colectivamente el riesgo de morir/ atreviéndonos a fornicar en la cornisa/ hacernos a la mar/hacernos el amor en el incendio”. Y plantar cara a la devastación, al asco, al vómito, al cuerpo despedazado, para reconstruirlo y poseerlo de nuevo. El cuerpo, desposeído, el imaginario, iluminado, aunque sea, por el momento, en las brumas del sueño. Porque una lectura que ya ha comenzado es una travesía que nunca termina, o así al menos el poso que la palabra deja, introduciéndose en nuestros sueños y alterando la percepción de la vigilia, si es que acaso podemos ya diferenciar entre la bruma del sueño y la niebla de la vigilia. Como un exorcismo tras el cual la mano sale de la herida y de la entraña, teñida en sangre, y solo en el momento de beber la sangre que se nos derrama por el cuerpo, ese desangrarnos y alimentarnos de nuestro propio fluido nos reconcilia con lo que somos, lo que podemos llegar a ser. Un ritual de despedazamiento que, paradójicamente, puede servir para recoger los restos del naufragio, y encontrar en el barro la pasta que une los trozos y el material salado que nos reconstruye.

“Hacer del cuerpo la orgía combatiente que era en nuestra infancia”.
Urge volver a la fuente del deseo. Urge volver a la sed.

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Es urgente
amar como quien se suicida,
incendiarse en la materia incomprensible de otros cuerpos,
dignificarse en la vulnerable materia de los cuerpos,
reconquistar las fraternales,
……frágiles,
……minúsculas caricias

de los cuerpos
en que se funda la esperanza de otro mundo.

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ACAECER-CUERPO

Entrevistando a la poeta Carmen Crespo

Imagen: Carmen crespo.

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Mujer- fuerza, mujer-tierra, mujer-poeta. Son muchos sus dones.

Los que viene a ofrecernos en esta entrevista son el de la belleza y la palabra. Gracias, Carmen, por tu palabra, tu presencia y tu amistad. ❤

En este enlace puedes escuchar la entrevista.

Voy a presentaros a nuestra invitada. Carmen Crespo. Sanitaria, escritora, extremeña.

Galardonada con el XXXI Premio Nacional de Poesía José Hierro, que concede anualmente la Universidad Popular José Hierro de San Sebastián de los Reyes, por su poemario ‘En sí ni un solo momento’.

Carmen Crespo tiene títulos como:

Tal vez huésped, ganador de la II Premio de poesía Bal Hotel 2012, y publicado por Devenir.

De música y otras pieles, Ed. Polibea, 2014.

Todo ardió luminoso. Teselas, ganador del XIII – Décimo tercer Certamen Internacional de Poesía César Simón, Denes, 2016, y traducido al inglés por la editorial Publisher Aquillrelle.

Pájaros, caballos, Gabriel Viñals, 2017.

Lana (Trea, 2019).

Amante de las plaquettes publicó la plaquette Puro hueco en colaboración con el artista gráfico Manuel Ayllón. A ella también le gusta destacar la publicación de su plaquette de título: Cuerpo o el corazón del mundo todavía con Sol y Sombra, la editorial de Alba Pascual y Noé Ortega, en 2013.

Ha participado, entre otras, en las antologías:

Voces Nuevas, XXV edición, Poemáticas naturales, Voces del desierto, 20 miradas en página 72, Versos, versus, virus. Y ha publicado poemas en las revistas “Cuadernos del matemático”, “El coloquio de los perros”, Fogal”, “21veintúnversos”, “Revista Iberoamericana”, en la mexicana “Dislexia” y en “La Ignorancia”. Es miembro activo y forma parte del consejo de redacción de la revista digital de poesía conVersos.

Quiero ser una maniquí disfrazada de novia

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MACABEA, LA PROTAGONISTA DE “A HORA DA ESTRELA”, IMITA ANTE UN ESCAPARATE EL MOVIMIENTO DE LOS BRAZOS DE UNA MANIQUÍ VESTIDA DE NOVIA.
A HORA DA ESTRELA” (LA HORA DE LA ESTRELLA) ES UNA PELÍCULA DE SUZANNA AMARAL, DE 1985,
BASADA EN EL LIBRO DE CLARICE LISPECTOR CON EL MISMO TÍTULO.

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Me siento rara. La sensación de una presencia constante que no se va de mi lado. Como si alguien estuviera aquí, pero que, en realidad, no está. Como una presencia fantasma. Que me acompaña pero que me agobia a un tiempo. El caso es que me he hecho amiga de mi banco en algún sueño pero, nada, que no recuerdo cómo fue. Si placentero y doloroso, o si ni fu ni fa, indoloro, o si con gritos, chantajes y promesas, o algo normal, sin más que rascar. Igual fue por pura conveniencia. Igual resulta que pactamos una convivencia cómoda, ya que estamos unidos por una cuenta corriente. No sé si llegaríamos a firmar algo que nos comprometa, así, en serio. Pero lo que sí está claro es que estamos juntos en esto. ¿Que cómo me he dado cuenta? (No sé si llamarlo amistad. O romance. O… quizá… seamos amigos con roce). ¿Que por qué pienso ahora en esto de nuestra amistad? Bueno, lo sé. Lo noto. Eso se siente y no se puede explicar. Verás. Lo sé, y se me confirma ahora que me escribe mensajes cariñosos. Me dice “Feliz verbena de San Juan”. Me felicitó el cumpleaños. Lleva un tiempo que me invita a charlas que dice no me puedo perder. Sabe lo que me gusta. Me llama por mi nombre, me escribe mensajes todas las semanas. Con emoticonos, esas caritas que se sonrojan, sonríen y abrazan. Sí, se nota que piensa en mí todos los días. Como un reloj, nunca falla. Me lanza mensajes de ánimo. Al principio no sabía que necesitase ser animada, jaleada. Pero ahora me gusta. Me protege, me enseña, me acompaña. Por ejemplo, me cuenta cosas como qué es el “pishing”, siempre tiene una recomendación generosa, especial, para mí. Me tranquiliza encontrarme sus palabras en el correo. Igual podamos forjar algo juntos ante ese enemigo incierto, pero común. Toda esa gente ahí fuera intentando quedarse con algo nuestro, tratando de robarnos el alma, quedarse con nuestro dinero. Estoy contenta. Aún no me ha dicho “Te quiero”, pero creo que no tardará. Es cuestión de tiempo. El tiempo todo lo cura, el tiempo hace milagros. El tiempo hace borrón y cuenta nueva. El tiempo incluso enseña a amar. El tiempo todo lo perdona. Uy, ¿he dicho “amar”? Creo que me estoy enamorando. Estoy empezando a conjugar el verbo amar. No sabía que estaba tan pillada. Creí que podría hacerme la que no se da por aludida. Mantener a raya mi curiosidad, mi obsesión por saber más, por saberlo todo, por ser la misma cosa, el mismo cuerpo. Aunque, bueno, me ha saltado un poco la alarma porque siento esta amistad, o romance, un pelín paternalista, y me pregunto si no será de estas que se aprovecha, quizá sea una amistad de esas un poco oportunista, aprovechada. Sabiendo las cosas que sabe de mí. Teniéndome siempre localizada con su App. Conociendo mis movimientos, registrando algo tan íntimo como mis números rojos, mis desvaríos consumistas, mis recurrentes pagos con PayPal. Mis debilidades más materiales. Y, bueno, sobre todo, otra cosa que me escama un poco es que en realidad no nos hemos visto nunca. Cara a cara. Es todo virtual. Puede que, a la hora de la verdad, no funcione. Imagínate que se me acerca y no se me eriza la piel ni me entra calor, ese calor que sube por las piernas, de abajo a arriba, que se inicia en el fuego mismo del centro mismo del cuerpo: el sexo. Que me recuerda a ese calor en las piernas cuando coloco el portátil para entrar en la cuenta. Ese calor. No sé si debo conservar ese calor. Ese ruido del ventilador que es como una respiración fuerte en mi oreja. Que me recuerda, sí, la respiración excitada de un hombre que ocupa toda la estancia cuando la escucho. Y ¿si renuncio a esto, si decido que quizá sea mejor dejarlo así? Darlo por perdido antes de poner otra vez las cosas sobre la mesa y desvirtualizarlo todo. Si lo hago… Igual pierdo ese calor. Y ese sonido. En mi oreja. Y si lo pierdo todo… los mensajes, la compañía, los consejos, el que me llamen señora de. Debo conservar el apellido, y el calor. Sobre todo el calor.

northern lights: aquí, estas luces

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Aún no os he contado por aquí que tenemos nueva plaquette. El camino hasta aquí ha sido un proceso muy pausado, muy nutritivo, y que empezó hace ya un año, en pleno encierro. Una vez más la palabra se entrelaza con música ambient. Esta vez la colaboración ha sido con el “generador de ruido” Tomás Flórez, con quien he vivido un bonito proceso de intercambio creativo.

El resultado ha sido un pequeño libro de poemas o “plaquette”, con enlace a una pieza sonora creada por Flórez. El libro está inspirado en dicha pieza, que ya existía cuando escribí los poemas a partir de una escucha pausada y continua del tema. Fruto de la escucha, en un arrebato de varios días, intervine un libro mediante color y tachado, y de ahí extraje las palabras que podéis leer en la plaquette.

Escuchar & leer estas luces

Os dejo estos dos enlaces para las joyitas: escuchar/descargar/comprar la joya EP -álbum- y la joya plaquette.

En bandcamp se puede escuchar el álbum, donde además se puede adquirir y descargar, y con él te descargas la plaquette en formato digital.

https://tomasflorez.bandcamp.com/

En este enlace de esta página puedes escuchar y leer los poemas, y puedes encargar la plaquette en papel, lo cual te dará acceso a descargarte el EP después en bandcamp.

northern lights

Gracias 🙌🏽✨💚🌱

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