La Voh Cahtúa, taller colaborativo en Medialab-Prado

Echar la vista atrás y decir: esta era yo, esto éramos nosotros, esto hice, esto hacíamos nosotros. Y recordar cuando el frío, ahora, cuando aún el calor; y cómo lo colaborativo es árbol que hunde raíces y da fruto, y que los meses pasan y hay documentos que dicen: ahí estuvimos, ahí estuve yo, y esto fue lo que hicimos, aquí me posé durante un tiempo a contemplar junto con ellos; aquí estuvimos: escuchando, aquí, imaginando, aquí: materializando.
Mientras huyo de la siesta-letargo, el primer día de otoño, aún verano en mi cuerpo, imagino: volviendo al cole, retomando las otras voces que también me hablan, aún celebrando el verano y el cuerpo. Aún.

La suerte de haberme topado con este grupo de personas, la suerte de haber dado de lleno con La Voh Cahtúa, y todas las puertas que se abren cuando las orejas se ponen a escuchar. Un espacio de encuentro en el que diferentes miradas con experiencias y formaciones diversas (música, teatro, performance, escritura, danza, voz) ponemos en común en torno a la lectura de El miajón de los castúos (Luis Chamizo, 1921) y todo lo que rodea a la raíz, el pasado, la pertenencia, la identidad. La tierra.
Aquí el vídeo resumen de la residencia artística-taller de producción a la que pude asistir y de la cual disfruté durante una semana en Medialab-Prado durante el mes de febrero de 2021. Semana durante la cual dio tiempo a (re)conocer, a escuchar, a preguntar y a seguir camino con más preguntas y menos respuestas. El proyecto de Diana Erenas, La Voh Cahtúa, sobre el que estuvimos trabajando de forma colaborativa: en el minuto 03:33, después de las palabras de Beatriz Vaca Campayo (Narcoléptica), que hizo un excelente trabajo de escucha y apoyo para todos los participantes de la residencia, que se denominó: “Música, lenguaje y otras tecnologías de la voz”.

“El que no diga jacha, jigo, jiguera, no eh de mi tierra”. Extremadura, viva.

.

Entrevistando a Lurdes Martínez acerca de Primavera sombría y Unica Zürn

El 23 de junio fue el último programa de la temporada de Fuera de Orden.

Un gustazo conversar con Lourdes Martínez* acerca de algunos aspectos de la obra y vida de Unica Zürn, a propósito de la reciente publicación de Primavera Sombría por Pepitas de Calabaza, y que fue presentado en Enclave de Libros el 17 de junio.

Sobre el adentramiento de Unica Zürn niña en lo profundo del abismo, sobre el deseo y el erotismo, presentes de una forma arrasadora en Primavera Sombría. El automatismo; lo revelador del juego, lo iniciático… Como adelanto a nuestra charla durante la primera parte del programa.

Aquí en este enlace puedes escuchar la entrevista

En la primera parte del programa, 20 y pocos minutos dedicados a esta maravilla, exquisitamente prologada por Lurdes Martínez, y a su autora: Unica Zürn.
.

* Lurdes Martínez es licenciada en Geografía e Historia y profesora de educación secundaria, miembro del Grupo Surrealista de Madrid desde 1992 y coeditora de su revista Salamandra. Ha publicado Saqueadores de espuma. La ciudad y sus grietas (Ediciones El Salmón, 2020), sobre el espacio en la ciudad posindustrial y las posibilidades de la vivencia poética para subvertir su acondicionamiento. Y las plaquetas de poemas Detrás del invierno, La huella termita y Los inspirados del borde del mar, editados por La Bella Cristalera, Sol y Sombra poesía, y El ojo de buey, respectivamente 2010, 2012, 2016. Participando en los ensayos colectivos Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo (Traficantes de sueños, 2006), Lo que duerme. Presentimientos sobre lo imaginario (Diputación de Pontevedra, 2007), Imágenes del conflicto I y II. Cine, política, deseo (Enclave de Libros, 2011 y 2012), Crisis de la exterioridad. Crítica del encierro industrial y elogio de las afueras (Enclave de Libros, 2013), y en el libro colectivo de poesía Clavar limas en la tierra (La Torre Magnética, 2017).
Le interesa el análisis crítico de los mecanismos del espectáculo, la investigación del inconsciente colectivo y la experimentación, reflexión y registro fotográfico y poético de lo maravilloso en la vida cotidiana. Siente una atracción colosal por lo ruinoso y su potencial insurgente. Ama el hallazgo.

.

Algunas de estas publicaciones las podéis encontrar en la librería amiga Eleutheria de Madrid: Abades 8, Lavapiés, (metro Tirso de Molina o La Latina).

.

Primavera Sombría, de Unica Zürn, editado por Pepitas de Calabaza: traducido del alemán por Alba Lacaba Herrero, traducción revisada por Raquel Vicedo, y prologado por Lurdes Martínez. La edición es de marzo de 2021 y se ha presentado en Madrid el 17 de junio en Enclave de Libros.

.

Es urgente el amor

.

Cocinar. Necesidad de centrar mirada y enfocar el tiempo, alimentar el cuerpo con el tacto y las texturas, con el color y la mirada. Oler, tocar, saborear. Utilizar las manos, concentrar la mente, saber que de ahi, de la búsqueda en la nevera y en la imaginación, saldrá algo único que durará unos instantes.

Partir un fruto, trocear de forma geométrica, recreándose el pulso, alcanzando un equilibrio estético sobre la tabla. Luego vendrá el desorden en la promiscuidad y calor del caldero.

El color, la forma, el chac-chac del cuchillo, la disposición sobre la tabla. El sonido del verano por la ventana: las hojas del árbol entrechocando suenan un poco como el mar, un mar de hojas verdes, de ramas que este año no podaron; alguna ventaja tendría que tener este caos pandémico, este desborde emocional, estas soledades conjugadas con el interrogante, la certeza de que el desastre-ya-está-aquí, del miedo, la vigilancia, el pasmo, lo necrótico de la vida llegada a un punto muerto.

Las chicharras siguen su canto insistente, encaramadas al mar de hojas; las chicharras navegantes de veranos frotan sus patas, ajenas al mar; las olas se levantan a quilómetros y prometen una nueva tempestad que todo lo arrasa. Fundaremos el mundo otra vez. El mar será ciudad. Y quedarán las hojas flotando y las chicharras navegarán las olas e instauraremos un nuevo orden en el que ellas reinarán y serán las jueces de todas las competiciones.

No hará falta enterrar a los muertos. La sal se encargará de hacer su parte. Y las chicharras, entre cántico y cántico, decidirán cómo hacer. Con los muertos, con los vivos. Seguirán cantando sobre el mar mientras nosotros, humanos vencidos en la tierra seca, nos repetiremos sedientos, como un mantra:

“Es urgente el amor”.

“La mujer abolida”: todas las Evas

. La mujer abolida, dibujada por Leticia Vera para el libro de poemas del mismo nombre

.

.

“Sentada aquí, sigo sin tener respuesta. Elijo las palabras, las voy ordenando. Ese acto encierra la esperanza de que permanezcan, de que no se trata de un esfuerzo inútil.

“Hay que dejar constancia.
Los acontecimientos siguen a los acontecimientos como la vida sigue a la vida.”

Hace ya un tiempo que me senté a dejar constancia escrita de este testimonio, no recuerdo cuánto. Han sido días de profunda soledad porque así se afrontan las vidas tras vidas por las que una ha transitado.

El Evangelio según María Magdalena,
Cristina Fallarás

.

.

Vuelvo a este libro, vuelvo a escribir sobre él. Regreso a interrogarme a este lugar donde huele a sexo, a fluido confundido con el olor del mar, donde la putrefacción de la carne se mezcla con la tierra para dar su fruto para dar su flor. Olor a sangre que sale de la herida. Donde pisas las limaduras del hierro de los instrumentos de tortura y se te clavan en las plantas con cierto goce. Y el sudor en la sábana. El sudor ácido en lo cóncavo. La piel y el esparto de la soga. Saliva-flujo-roce-dedo-hueco-lengua-semen-agujero, piel-agua-sueño. Noche. Grieta. Peligro. Juego.


Había colocado una notita amarilla avisando de las páginas vírgenes, pero escribí sobre La Mujer abolida obviando 40 páginas, aquellas donde las mujeres no míticas hacían su aparición en “Los harenes feroces”. Donde “(…) todas ellas forman un remolino alrededor de mi cama”, “todas ellas se comportan como anti-deidades similares a la mujer que hay en el viento a veces”.,

“Todas nadan en una pecera gigantesca,
todas ellas anteriores a la cibernética,
anteriores a la tecnología
y a la documentación histórica
pero también anteriores al viento primigenio.”

Y llego al museo de las Evas, así lo he denominado, donde me encuentro una enumeración de mujeres y fechas, una enumeración patriarcal de fechas de pertenencia, de fechas de caducidad, de ¿valor de uso? ¿de mercancía? Y entonces encuentro en un simple poema esa gran gesta, ese “Uomini mei” de Alda Merini que, cada cierto tiempo, me imagino escribiendo: Se me dispara la imaginación y me recreo en el hombre caballo de cuerpo atlético y piel de seda, el hombre de cuerpo comestible dulce como chocolate, el hombre rana de los saltitos en la cama, el hombre mosquito, por insignificante, el hombre-buitre, el hombre-abrazo, el hombre-pelo, el hombre-padre, el hombre-amigo, el hombre-agua, el hombre-huracán, el hombre-mar-verano-beso, el hombre-arena…

Y el no-mito y la amada no mítica requieren ahora mi atención y olvido a las vanesas y aracelis y dejo atrás la disección. Y pienso en las amantes y en los amantes que (no) querrán ver sus nombres en antologías del derrumbe, en antologías del sexo, en antologías del desastre amoroso, de la pasión; de la devastación y la carne. Y me adentro.

“Tumbado
dentro del remolino antimítico
me adentro
primero en el no-relato de la ensoñación
donde ella y yo y sus símbolos somos entes sin tiempo,
……ella y él somos el eco de unos disparos,
……ella y ella somos ramas que escapan de una vitrina,
somos todas las cosas a la vez

……un letargo a-histórico,
……un punto inenarrable,
……un paréntesis sísmico,

esclusa tras la cual nos adentramos
poco a poco
en la discursividad del sueño


…………..en el que
……cada noche
……una amada de fuego es cocinada.

……Esta noche de nuevo,
……brota un horno en mi sien,

……de su boca escapa una cometa
…………pacífica
…………ridícula,
…………legendaria.

Se trata de una emergencia. (…)”

Y pienso en este mercado. Y pienso en la imposibilidad de volver a la ingenuidad de la mente y acabo por decretar la ingenuidad de las pieles y de la carne y de los cuerpos, que sabios y resabiados, encuentran un punto primigenio de placer en el que soñar que (se) es primero. El primer dolor, la primera punzada, el primer estremecimiento. Entretanto, la mente se disuelve en otros mares.

Intuí que con este libro me precipitaría, acercándome al abismo. Acelerando las páginas, lo releo. Luego, miro de reojo la portada en la alfombra, en la mesa, en la cama, sobre la encimera, en la acera, es como un recorrido necesario para seguir pensándome, para seguir pensándonos, y seguir reflexionando mientras voy dejando atrás esto mismo que leo, escribo, recuerdo y exorcizo. Hay momentos en que me apetece mucho reír, y río. Otros, me elevo, cierro los ojos, recreo. Hay otros que son como una bofetada, siento el impacto del golpe en el propio cuerpo. Tengo que seguir con estas 40 páginas. Me encuentro con “Vuelen o no”, ¿contestando? o sobrevolando a Oliverio Girondo, el que no perdona a las mujeres que no sepan volar.

“Si no aman para convulsionar el mundo de la mercancía
……[de forma permanente,
si al copular no se comprometen con la destrucción del
……[orden social burgués,
-hasta el momento de la quiebra del yo-
pierden el tiempo conmigo.”

(…)

“si no aman hasta la desesperación,
hasta la ilegalidad,
hasta el asesinato
-hasta el momento de la quiebra del yo-
pierden el tiempo conmigo.”

Me encuentro con “Él iba arañando esa piedra y excavando”. “(…) Caerse dentro/Quedarse allí durante dos minutos.” “Mirada clavada en al certeza de su cuerpo”.

Me detengo en “Semejantes a arder” que, junto con “Acaecer-cuerpo”, y “Ella prellega”, quizá se una a mis poemas preferidos hasta ahora, a los que un poco más a delante se les suma “Extraerse”. Ir al encuentro de los cuerpos, nada más que cuerpos, aunque ir “contra cualquier tentativa de reconocimiento” pueda ser, también, huir.

Y “La lluvia adentro” y “El ministro nocturno”:

“Nos amamos por todas partes,/comprendemos el tiempo,/alrededor desplegamos la madrugada,/hablamos lenguas desconocidas,/nos convertimos en todas las cosas,/robamos todas las cosas,/aullamos sin darnos cuenta,/mientras la ropa va sumergiéndose,/nos robamos el ser en cada movimiento de hojas,/me masticas lentamente me tragas/lo haces despacio/hasta que yo eyaculo torpemente en la flor.”

Y “Dolmen número 7”, que hay que recorrer muy despacio.

“(…)
Y no solamente eso;
cierras los ojos,
tocando por todas partes formas que nos abandonan,
……primero la transparencia
……después las sustancias opuestas de la transparencia.”

“(…)
mientras nosotros
nos hundimos para distinguirnos mejor.”

(…)

“tu sexo al descubierto
donde el viento”

“Nos arañábamos
cerca de aquella frontera que nadie había atravesado nunca.
Crucémosla,
entremos en el río que se desdobla.
Volveremos a ser ese río que se desbordaba
para hacerle el amor a tu tobillo
mientras rozas mi espalda.
Contaré hasta cien.”

Y “Extraerse”, en el que hay también que detenerse, lentamente, leyendo al ritmo del amor. “dedo gemido”… “sorber decenas de milenios dentro”… “lamerse contagiarse” “turnos de habla/lanzar el dedo otra vez/perderse adentro de la boca/la rodilla mordida/como si nos acabáramos de conocer/muy atentos…”.

Y “convertidos los dos en lluvia”, comprender que “los dos” no es necesariamente, o nunca, un “nosotros”.

Por amor, o por patología.*

.

.

*Extraerse.
La mujer abolida.
Vicente Gutiérrez Escudero.
El Desvelo Ediciones.

Inoculada (junio de 2020)

Yo ya estoy vacunada. Me he venido recién duchada, bragas limpias, tres libros, no, espera, cuatro, un cuaderno, lápiz y boli. El móvil cargado. Del susto ya salia de casa mareada. Ya está, no ha pasado nada. Ya está. Ya estoy inoculada, me han puesto la de los viejos. Me pesa el brazo, no me atrevo a levantarme de la flojera, ya vine con flojera, aquí nadie ha dicho que haya que estarse un rato más, pero yo me he quedado, todo el mundo se va, menos otras dos mujeres. Una habla por el móvil y a la vez intenta establecer contacto visual conmigo, pero no estoy nada social, no me apetece hablar con nadie. La otra mujer se ha ido al ver que la otra se levantaba. Solo falto yo. Bueno, faltamos, en realidad, mi hipocondria y yo. Me duele la mandíbula de la tensión y de la mascarilla que me tira de las orejas.

Ha llegado otro señor, que se queda un rato. Aquí nadie se hace fotos, es como un hospital de campaña, es un hospital de campaña, le llaman “la carpa blanca”. Solo se oyen ambulancias, el aire acondicionado y la chica que dice los nombres en alto para entregar los justificantes.

Muy en mi línea, al levantarme de la silla, me he tropezado y he hecho un movimiento de irme a caer, pero sin caerme, he pisado aparatosamente la cinta de la mochila. y el enfermero me ha preguntado, solícito y con cara de susto, que qué me pasaba, le he respondido, muy digna, y a través de la mascarilla, que nada, que no me pasaba nada.

A %d blogueros les gusta esto: